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Estado del Tiempo

sábado, septiembre 29, 2018

Respeto al Cardenal

Después de un largo servicio religioso que lo llevó a ser la principal  figura  de la iglesia católica del país, y de sus extraordinarios aportes a nuestra sociedad -siendo una voz firme, responsable y siempre oportuna en defensa de los valores, la dignidad y la autodeterminación de los dominicanos-, lo menos que merece el cardenal Nicolás de Jesus López Rodríguez es el respeto de los ciudadanos y que goce de un retiro tranquilo, sin sobresaltos ni acusaciones alegres que dañen su imagen.
El religioso, que será Cardenal de por vida, fue frontal con muchos intereses y practicas -internos y foráneos- que nos dañaban como seres humanos y como nación. En esa labor de prevención, y hasta de profilaxis, a favor de su comunidad el Cardenal contó con la colaboración de otros religiosos que también  jugaron roles estelares en materia de críticas o de denuncias firmes contra males e irregularidades, como el recién fallecido Favio Mamerto Rivas, Agripino Núñez Collado y el finado padre Avelino Fernández, entre otros.
Aunque las Escrituras dicen que “los  sacerdotes y ministros de la Iglesia cumplen una función muy grande, con tal que sus palabras y gestos sirvan para resucitar a los hombres”, a monseñor López Rodríguez los intereses que enfrentó, incluso políticos, no le perdonan su accionar e incluso su firmeza de carácter, y ahora, cuando está enfermo y no puede defenderse, han iniciado una campaña perversa y reprochable con miras a desacreditarle, y tratar de vengarse (¿), en este caso, de su persona y de la Iglesia como institución, por su lucha cerrada contra el aborto y a favor de la vida desde su origen, pero también por enfrentar algunas corrientes y “destapes” en materia de género, de valores, de tradiciones, que presionan por poner a la humanidad con la cabeza para abajo y los pies para arriba. Tratamos de cerca al Cardenal, creemos en él y reconocemos sus grandes aportes y méritos ganados.
Las redes, la maledicencia dicen cualquier cosa, y no tienen límites para dañar. Pero entre lo que dice la señora tomada de instrumento para expandir una mentira dañina (¿por qué no salió antes, cuando el Cardenal podía defenderse?) y la declaración jurada de sus padres, que dicen que ella no tiene hijos con nadie, creemos en ellos. Mientras los monseñores Víctor Masalles y Jesús Castro “se sacuden” (son de las pocas voces firmes que quedan en la Iglesia Católica local), en Efesios 4, 29-32 copiamos lo que nos dice la Palabra de Dios: “Desterrad de entre vosotros todo exacerbamiento, animosidad, ira, pendencia, insulto y toda clase de maldad”.
López estará callado y  enfermo, pero no está solo.
Por Luis Encarnación Pimentel ;-
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