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miércoles, junio 20, 2018

Lo que se espera de la justicia

En una sociedad en la que ya se levantan voces para que se apliquen medidas extremas contra los feminicidas, los violadores sexuales y asesinos de toda laya, la justicia tiene que asumir su indeclinable deber de sancionar a los infractores con las penalidades que se corresponden con el nivel de sus agravios.
Cuando la opinión pública se enteró de que un individuo, actuando con crueldad y alevosía, mató a puñaladas a una joven dependiente de una joyería en la calle El Conde, de donde sustrajo una alta suma de dinero, los reclamos inmediatos eran que se le aplicara la pena de muerte.
Y frente a un caso en el que un malvado violó a una niña, a la cual asfixió luego y ocultó su cadáver, desde la misma opinión pública se sintió un clamor para que fuese castrado.
Ni la castración ni la pena de muerte existen en nuestro cuerpo de leyes, pero es sintomático que ambas penas extremas sean a menudo invocadas públicamente como las opciones ideales para castigar a los criminales y violadores. Más que invocarlas, con frecuencia se han registrado linchamientos o intentos de linchamientos contra autores de fechorías.
En el día de ayer, un tribunal de San Francisco de Macorís decidió que vayan a juicio de fondo, susceptibles de ser condenados a la pena máxima, los autores materiales o intelectuales del crimen de la joven Emely Peguero, mientras en la capital un juez de atención permanente ordenó un año de prisión preventiva contra  Henry Daniel Lorenzo Ortiz, el asesino de la joven Anneris Peña Pérez, dentro de una joyería.
Lo que espera la sociedad es que, tanto en estos casos como en otros que se encuentran en el ámbito procesal jurídico, la justicia actúe a la altura de la gravedad de hechos que han conmocionado y consternado a la sociedad, medidos en la profundidad de los daños materiales, traumas físicos y psicológicos causados a las víctimas.
La aspiración de la sociedad es que las infracciones a la ley, sean cuales fuesen, no queden sin juzgarse ni sancionarse, porque esto abre las puertas a la impunidad y a la desconfianza en un sistema llamado a preservar la majestad de la ley de la República, por encima de todo.
Tomado del editorial de
Lo que se espera de la justicia
de la fecha
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