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viernes, 7 de julio de 2017

Danilo, reelección

La reelección se vende como causante y colmo de males. Está tan estigmatizada que los presidentes dominicanos, al ser cuestionados al respecto, suelen grabar sus palabras de honor negando cualquier aspiración en esa dirección aunque finalmente hacen todo lo contrario. Danilo Medina, hiperbólico y aparentemente opuesto a continuar, llegó a renegar de ella.
Salvo Donald Trump, quien lo anunció antes de tomar posesión, pocas veces un mandatario en funciones toma la iniciativa de hablar de reelección.
Siempre lo hace la prensa patrocinada por el oficialismo y la opositora, aunque con objetivos opuestos. Una para que se lance y la otra para que se joda.
Desde la última investidura, los medios y la oposición han estado comentando que Danilo intentará reelegirse para un tercer cuatrienio pese a que la Constitución, modificada para permitirlo por segunda vez, dice que solo puede ejercer dos periodos presidenciales y nunca más. Si con esa limitante ya se está apostando a otra repostulación es porque no hay un capítulo que impida otro intento de reforma de la Ley Sustantiva para facilitarla.
El resquicio es el eterno concepto de la no retroactividad de la ley. O sea, que en el caso de Danilo aplica a partir del actual período... ¿El transitorio? Eso es ilegal por derecho propio porque no se puede legislar en detrimento de una persona.
El candadito de maleta
Lo más parecido a un candado continuista, más allá de un período adicional, era la moción del ex diputado reformista Ramón Rogelio Genao que proponía congelar cualquier cambio constitucional en lo relativo a la reelección presidencial hasta el año 2065. La propuesta fue rechazada por la arrolladora mayoría parlamentaria reeleccionista aunque Leonel Fernández, al renunciar a sus aspiraciones, solo pidió un candadito de maleta de los que se abren hasta con una mueca.
Al no haber mucho que hacer por el lado de la Carta Magna, los aspirantes a sacar a Danilo del Palacio Nacional estarían pensando en una cadena de oraciones para que cometa errores que den al traste con su enorme popularidad. Así quedaría impedido de utilizarla como pretexto para presentarse a otras elecciones.
Con el caso Odebrecht, la oposición se sintió escuchada por Dios, pero solamente con el oído izquierdo porque cuando los cariocas pasaron lista, Danilo Medina no fue llamado para que la Marcha Verde dijera presente alzando su voz y sus manos.
Hay un refrán que dice: Para el amigo, todo; para el enemigo, la ley. Esa constructora ha sido tratada como una amiga en el país y como una enemiga en Brasil. Si intenta implicar al núcleo duro del PLD en los sobornos, le aplicarán la ley con consecuencias riesgosas para su propia supervivencia porque perdería su mayor plaza de adjudicación de obras.
Modificación constitucional
Si es por la Constitución, en última instancia las puertas de la modificación están abiertas. Si es por aceptación, Danilo está mejor, y si es por la Odebrecht parece que el trance no pasará de ser una pesadilla que pasa al despertarse.
Si la voluntad divina no complace a sus adversarios porque no funcionen los rezos, lo único que podría impedirle a Danilo gobernar por tercera vez es una rectificación de su juramento de fidelidad ante el principio antireeleccionista de Juan Bosch. Pero eso parece poesía más que realidad.
Al poder no se renuncia cuando existe posibilidad de seguir. Es tarea aprendida en el curso de nuestra traumática historia política. Menos todavía, cuando se goza de la enorme popularidad de Danilo, un hombre que vive entre los pobres resolviéndoles sus problemas; o entre los guardias, dándoles casas y aumentos de sueldos; o entre los agricultores, dándoles financiamientos...
Más aún, sin oposición que le dispute el cargo.
Por César Medina ;-
lobarnechea1@hotmail.com