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martes, 6 de junio de 2017

El momento decisivo de los verdes

G‹IKÉN DEPORTIVO.- Fue un fin de semana deportivamente feliz. Real Madrid ganó su XII “orejona”. Edilson Vólquez lanzó un juego sin hit ni carrera. Albert Pujols conectó su jonrón 600, y entre Durant y Curry se comieron vivo a Lebrón. Así andaba el mundo deportivo cuando escuchamos el lamento de Los hermanos Rosario: “Caramba, caramba, ya viene el lunes”. Llegó el lunes, y bien temprano recibimos la noticia que los muy señores de la AMET habían realizado un operativo para multar con mil pesos a conductores de vehículos con los cristales tintados.
“Como las damas de falda roja y boina gris, 
ay, la democracia no se toca, 
se acaricia, se acaricia.”.
J. Umbrales
 ¡Joder! Ahora resulta que el Estado, incapaz de ofrecernos seguridad en las calles, ahora le va a dar por prohibir el tintado de los cristales de los vehículos. Y el asunto no es la legalidad de la medida, sino el miedo, el sentirse vulnerable.
Mientras todo esto va ocurriendo, crece la indignación y van apareciendo en los diarios, unos titulares imposibles, impensables, hasta hace unos meses, por ejemplo: “MILES EN MARCHAS VERDES”.
“DECISIONES” (SIN RUBÉN).- Ahora que por su trabajo, por default y por la  incapacidad de los PRD, (el Dominicano y el Mientras tanto) se ha convertido en líder de la oposición, o por lo menos de la inmensa minoría que el influyente, amplia y sonora clase media representa, el Movimiento Verde necesita decidir y definir sus objetivos, unificar sus criterios, redefinirse ante el país. Primero abogaban por el fin de la corrupción y la impunidad, sin apellidos. ¡Bien! Luego, la lucha se redujo al caso Odebrecht. ¡OK! Hasta ahí íbamos bien. En el manifiesto de la marcha en San Francisco de Macorís el movimiento pasó de la protesta a la amenaza, y de allí a la dura advertencia: “Ö el desconocimiento del reclamo pacífico de justicia levantado por la ciudadanía a través de las movilizaciones verdes, podría convertirse en rebeldía y dirigir hacia los corruptos y sus aliados la peor catástrofe jamás pensada”. De las protestas a las propuestas, de las propuestas a la advertencia, y de ahí a un punto donde hay que detenerse y acudir al Zen, la meditación y el yoga, oiga usted: En la marcha verde de este domingo, en Navarrete, en el manifiesto de la actividad se pide la renuncia en pleno del gobierno del presidente Danilo Medina y designación de un gobierno provisional. ¡Y así no fue que hablamos, así no podemos, profesor! Esas son palabras mayores y del mayor riesgo para la convivencia.
GOLPES NO.- Los peledeístas -y esa vocación suicida que tanto gobernar provoca-, pueden merecer perder el poder en las próximas elecciones, y tal parece que se están esforzando para lograrlo. Pero una cosa es perder unas elecciones y otras muy diferente es ser víctima de un golpe de Estado. No. De Golpes de Estado no me hables, amor, que el último nos retornó a la fosa trujillista en la persona de su delfín más ilustrado y de esa fosa de autoritarismo aún no hemos salido del todo. Así no. El país reconoce -y personalmente yo apoyo- a un Movimiento Verde que ha promovido con sus luchas una conciencia y militancia ciudadanas que hasta el propio presidente Medina ha reconocido y como yo, también celebrado. Pero de golpe de Estado, no. Y de renuncias con o sin comillas tampoco.
“ENTRE ESPUMAS”. “Para hacer espumas el hombre ha de detenerse a mear”. Para ganar el apoyo, la confianza y finalmente el voto de los electores hay que fajarse a trabajar desde ayer, como lo hizo Bosch, que en 1973 fundó un minúsculo partido (muy pequeñito) que sólo 17 años después logró rozar el poder, y 23 años más tarde lo alcanzó. El Movimiento Verde puede ser la alternativa al PLD, pero antes debe decidir si quiere modificar y mejorar nuestra faltosa democracia o destruirla. Guatemala no está lejos. Así como a algunos “siempre nos quedará París”, los pueblos insatisfechos siempre tendrán a mano unas elecciones generales para cambiar a sus gobiernos cuando así lo decidan. Esencia innegable y fundamental de la democracia. Con su permiso.
Por Pablo Mckinney
pablomckinney@gmail.com