jueves, 27 de octubre de 2016

Los Tucano de nuevo

ALLÁ, AQUÍ.- La compra de los Tucano vuelve al centro de la atención pública, pero como siempre no por diligencias propias, sino ajenas. Para los brasileños y norteamericanos ese será un caso cerrado, después de haberse establecido la verdad que interesaba a unos y otros y repartirse las penas. Los dominicanos seguirán mirando y esperando y quizás nunca llegue un final. Aunque en el caso hay elementos nuevos. Las indagatorias que se hacen en el país cuentan con el patrocinio y la asistencia de los norteamericanos.
Si allá pudieron, aquí también. El embajador James -Wally-- Brewster salió a escena muy prontamente, pero también dos ministros que tienen asiento en el Palacio Nacional y que se les considera muy cercanos al presidente Danilo Medina. José Ramón Peralta y Gustavo Montalvo. Peralta habla de casi todo, vocero oficial frecuente, pero Montalvo no es muy dado a conversar con la prensa. El gobierno quiere poner distancia, y la pone de palabras, pues por el momento no podría hacer más nada. Se le querría actuando en nuevos escenarios, como sería reclamar dinero a la empresa que vendió los aviones...
LA REACCION.- El negocio es negocio, y seguirá siendo negocio, por muchas condenas que se produzcan. La política por igual seguirá siendo política, aunque las ganancias y las pérdidas no estarían claras políticamente. No aquí, por lo menos. Cuando se produjo el escándalo, la reacción fue muy dominicana. No era importante el delito, ni quien lo cometía, sino a cuál sector del PLD pertenecían los sospechosos primero y los imputados después. Si eran de Danilo Medina o de Leonel Fernández. Y de la filiación dependería lo demás. Lo demás sigue pendiente, pues ninguno de los bandos reivindica como suyo a los involucrados, pero tampoco el expediente camina con la prisa o hacia su destino natural. En Brasil fue lento, pero se llegó a un resultado. En Norteamérica tomó tiempo, pero llenó el cometido. Ahora, nadie habló de que el soborno era obra de demócratas o republicanos, o que perjudicaba a Hillary Clinton y beneficiaba a Donald Trump, o que las culpabilidades serían decisivas en las elecciones de noviembre. Y lo mismo respecto a los políticos brasileños...
LAS PRUEBAS.- Esa no es la gran diferencia, pero es una diferencia. Importa más la política que el delito, y entonces las armas no son el derecho, la justicia y la consecuencia, sino la delación, el ataque indirecto y el encubrimiento. Todas las sospechas posibles, sea que se actúe en un sentido o en otro. Así fue en los primeros capítulos, y podría ser en los siguientes. Aunque la circunstancia se pinta crucial. Ahora no sería un pleito entre los seguidores de Leonel Fernández y Danilo Medina, sino entre el jefe del Estado y el embajador norteamericano, al cual no se le podrá ocultar nada, puesto que tiene una unidad de investigación trabajando codo a codo con los adjuntos de la Procuraduría. El presidente Medina pidió pruebas, y el embajador Brewster le cogió miedo a un demonio con tanta candela encima. Sin embargo, las pruebas aparecen, vienen de Norteamérica o de Brasil, y se les pueden solicitar a las autoridades correspondientes. Voluntad política no hace falta, pero tampoco quedarse al margen. Únicamente dejar fluir, pues como dice la canción: “ ...El agua se aclara sola al paso de la corriente ”...
EL MISMO CARRIL.- En lo que agua se aclara sola al paso de la corriente, la percepción toma su turno. El fardo de la prueba no será problema, pues los papeles, o vendrán de Brasil, o de Estados Unidos. Lo oculto tendrá que revelarse, y si el procedimiento aplicado dio resultado en Norteamérica y Suramérica, ¿por qué aquí no? La negociación y el arreglo se imponen, pues nadie querrá cargar con culpas ajenas, y los legos, con perspicacia y suspicacia, adelantan posibilidades. La conclusión de la calle de que no son todos los que están, ni están todos los que son. Las colindancias haciendo magia. Inferencia lógica: demasiado dinero para tan pocas manos. ¿Cómo se explicará que gente que estaba en el bazar o cerca no vendió nada, cuando la filosofía al uso es que las oportunidades no desaprovechan? Ningún temor detuvo, pues ni militar ni legislador pensó que una operación de ese tipo podría derivar en escándalo internacional, con investigaciones fuera que aquí no se podrán ignorar. El personaje del Cabo lo dijo con la gracia del delincuente en El Cartel de los Sapos: “Al que le toca, le toca”...
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do