martes, 11 de octubre de 2016

El Reality show Trump-Clinton

Si no fuera porque es la presidencia de Estados Unidos lo que está sobre el tapete, el reality show que protagonizan Hillary Clinton y Donald Trump no tuviera audiencia. Es un espectáculo de mal gusto ver a dos personas tirarse los trapos sucios como confeti. Este debate es un pugilato entre dos personas que son más parecidos que diferentes.
La última entrega de este show televisivo comenzó con la supuesta enemistad entre los candidatos. Idéntico a los personajes de la  lucha libre televisada, en la que hay más bravuconadas que golpes verdaderos. Donald Trump es el malo de la escena. El villano mal educado que luce como fiera en jaula.
Es natural que Hillary Clinton resulte con mayor aceptación tras las exposiciones. Ella tiene más de 30 años en la política y exhibe con galanura su entrenamiento de piel aceitosa. Los decentes insultos de Trump le resbalan como agua de verano.
En el guión del espectáculo Trump lanza sobre su antagonista proyectiles ajenos. Obama y Clinton esposo son aparentes culpa de ella. Sus errores sentidos son el uso indebido de correos electrónicos y  neligencia en el asalto a la embajada de Estados Unidos en Bengasi, Libia.
 La turbia hoja de servicios de ambos contendientes pone a Estados Unidos a elegir un candidato presidencial con cola larga y mala imagen. Esta pareja no es la mejor muestra de ese gran país. Aunque se trabaje luego con las más modernas herramientas de maquillaje público, el que gane resultará ser una figura abollada. Estados Unidos tiene un estado fuerte. Se gobierna con instituciones funcionales. No importa quien resulte ganador, el Estado seguirá su curso. En realidad el Presidente guía un tren cuyos rieles tienen trazada las rutas. La política exterior será la misma, sin importar quién esté en la Casa Blanca, se lanzará mayor o menor número de bombas para mantener la industria bélica y reafirmar el papel de policía mundial del Tío Sam. La maquinaria está engrasada. Trump hizo su tarea de investigación de mercado. Asume el pensamiento de un alto porcentaje de norteamericanos. Deja atónito por el alto apoyo que recibe. No importa que los medios estén contra y ayuden en la campaña de Hillary;  que los famosos le lancen pestes, o que el trío latinos-negros-mujeres lo adversen, sigue alta su puntuación en las encuestas porque dice lo que muchos piensan. Este reality show no supera a las Kardashian.
Por Alfredo Freites ;-
alfredofreitesc@gmail.com