martes, 11 de octubre de 2016

Sorpresa, desconcierto y preocupación

AL PALACIO.- El comunicado de la semana pasada, firmado por más de veinte entidades del sector privado, habla de “sorpresa, desconcierto y preocupación”. La sorpresa, el desconcierto y la preocupación corresponden a los empresarios, que no al gobierno que dispuso la medida. Tampoco a esta columna que sabía cómo se batiría el cobre y que advirtió que el gobierno no iba a quedarse con lo que consideraba una falta grave. La incursión de los hombres de empresa en el campo político, el prestarse al juego de los partidos de oposición, queriendo forzar un diálogo directo con el Ejecutivo que era una trampa envuelta en papel de celofán.
No es que el Presupuesto del 2017 se elaborara pensando en maldades, pero las armas son las armas, y su uso depende mucho de la circunstancia. De si conviene o no, de si es necesaria o no su utilización. La del cobro anticipado del 50 % del ITBIS sería un arma de destrucción masiva, y justo ponen el grito en el cielo, aun cuando el remedio está en la tierra. Y lo saben, pues no fueron a Higu¨ey, donde la Virgen de la Altagracia, sino al Palacio Nacional…

DOS COSAS.- En el documento llaman la atención dos cosas. Una, que entre las entidades suscribientes no aparece el CONEP, que es la cúpula del empresariado; y dos, que lo encabece la AIRD, que agrupa a los industriales. Los partidos andan juntos en ocasiones, pero no siempre reburujados. Y entre los sectores productivos, al parecer, ocurre lo mismo. Lo del Presupuesto (la sorpresa, el desconcierto y la preocupación) es un asunto de industria y no de los hombres de empresa en sentido general. Uno piensa en solidaridad de clase, pero hay enfermedades que no contagian. Y algo más. La AIRD y el CONEP pueden usar los mismos instrumentos y ensayar en los salones acostumbrados, pero distintos los músicos, los directores y las partituras. Aunque provoca curiosidad que se afecte la AIRD cuando el CONEP actúa más como sociedad civil y lleva ventaja en la promoción de la nueva institucionalidad. Cuando se rompió la taza en el Diálogo de Agripino, fue el CONEP y FINJUS que se dispusieron recoger los pedazos y no la AIRD…

¿AIRD O CONEP?.- Después de publicado el comunicado o de que algunas voces de la AIRD se levantaran para insistir en el efecto de la medida, como la vicepresidenta Circe Almánzar, no se conoce de acercamientos, oficiales u oficiosos, en busca de una solución a lo que por el momento es un impasse. En el documento se apelaba al “buen juicio” del Presidente de la República para que sometiera y eliminara la disposición. ¿Acaso no tiene “buen juicio” el jefe de Estado, puesto que no se conoce de ninguna iniciativa en ese sentido. Tampoco que los industriales hayan hecho contacto, cita o reunión con los responsables del Congreso Nacional o con los encargados de estudiar el Presupuesto. No se sabe de propósito, pero la realidad es clara. Existe división entre los empresarios, y nada se sabía hasta que el gobierno decidió dar su palo acechado o estos se vieron obligados a ir al Palacio Nacional a dar la boca. Los industriales tendrán que valérsela por sí mismo, pues el CONEP
tiene una encomienda mayor: cambiar las reglas del gobierno, pero en el ámbito político…

ENTRE MANOS.- La situación política se vuelve interesante, pues la oposición parece saber más de la cuenta, o considera que estas diferencias entre el gobierno y los empresarios darán lugar a situaciones incontenibles o inaguantables en el área de la economía. Pueden leerse en la prensa los llamados que se hacen al gobierno para que se pliegue a las demandas políticas o institucionales, y más que alerta, amenaza, cuando se advierte que de no acogerse a ese imperativo las consecuencias serán desastrosas. La sospecha se impone. Los políticos conocen intimidades que no comparten con la opinión pública, y los empresarios, como si apostaran en bancas de apuestas, van a más. Se presume, se supone, aun cuando no se les responda con contundencia, sino que se abra un compás de entendimiento. Solo que con la sartén por el mango. La cuestión se corresponde con el temperamento. Los políticos deliran, y eso es parte de su oficio, pero los empresarios no podrán enloquecer políticamente, puesto que de por medio están sus intereses, y estos son permanentes, y la política coyuntura…
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do