domingo, 25 de septiembre de 2016

Partidos políticos y democracia (I)

Los partidos políticos han venido a jugar un rol fundamental en el mantenimiento del equilibrio del sistema democrático.  En las democracias pluralistas, los partidos son el resultado del libre ejercicio del derecho de asociación; nada tiene que ver con los anteriores el partido único de los sistemas totalitarios que aparece incorporado al aparato estatal.  La Ciencia Política ofrece numerosas definiciones del partido en los sistemas democráticos; en ellas se subraya que el partido es el portador de una ideología (o de un programa) global, no sectorial, que abarca todos los aspectos relevantes de la vida social.  Por otro lado, hay una característica consustancial en los partidos políticos, y es el propósito de alcanzar el poder.
En toda comunidad humana, la estructura de poder es el resultado de un par de fuerzas antagónicas: las creencias, por una parte; las necesidades prácticas, por la otra.  En consecuencia, la dirección de los partidos como en la mayoría de los grupos sociales actuales, sindicatos, asociaciones, sociedades comerciales, clubes, etc., presenta el doble carácter de una apariencia democrática y de una realidad oligárquica.  Solo algunos partidos fascistas se escapan a esta regla.

Sin lugar a dudas, los partidos se han convertido en la correa de transmisión que sirve para canalizar las relaciones entre el Estado y la sociedad; son además los entes legitimadores de los procesos democráticos de los pueblos. Y como siempre, la democracia es un equilibrio entre acuerdo y desacuerdo, entre desconfianza y respeto, entre cooperación y competencia, entre lo que exigen los principios y lo que la circunstancias permiten.  Estamos convencidos de que la política es el arte de distinguir correctamente en cada caso, entre aquello en lo que debemos ponernos de acuerdo y aquello en lo que podemos, e incluso debemos, mantener el desacuerdo.

En las democracias en proceso de fortalecimiento como la nuestra, con sus singularidades propias del mismo contexto social, económico, político y cultural, el rol de los partidos es clave, muy a pesar de las claras debilidades que acusan los mismos.  Se hace cada vez más urgente una reforma profunda del marco legal institucional de los partidos que reencauce su institucionalidad para beneficio de su fortalecimiento y con ello, del juego democrático del país.

La democracia tiene un costo con el que debemos cargar todos los ciudadanos del mundo.  Los partidos necesitan para articular y desarrollar sus políticas y más que todo para alcanzar el poder, de recursos económicos.  Y esos recursos, ¿cómo se obtienen?.  En nuestro país, con financiamiento público, por un lado; y privado, por el otro.  Existen otras democracias en que el financiamiento de los partidos solo proviene del sector privado.

De manera pues, que es un hecho incontrovertible que la actividad política está íntimamente ligada a la capacidad económica de sus actores. Y esto es así en todo el planeta, sin una sola excepción.  En los Estados Unidos de Norteamérica, que se tiene como la democracia más paradigmática del mundo, se permite que las contribuciones de la empresa privada compren las campañas electorales de los candidatos.  Sin embargo, en la mayoría de los países miembros de la Unión Europea restringen o prohíben tales prácticas y obligan a que las elecciones estén financiadas con dinero público.

Para que veamos el impacto que tiene el factor económico en la elección de candidato de la que es considerada la democracia más perfecta de nuestra época, observemos lo que dice el Center For Responsive Politics: “Cada candidato ganador de las elecciones a la Cámara de Representantes Federal de las elecciones del 2008, desembolsó un promedio de cerca 1.1 millones de dólares. La victoria en la contienda para un escaño en el Senado, costó un promedio de 6.5 millones de dólares”.

Y las elecciones presidenciales son aún más caras; según el mismo Centro, los candidatos de los comicios presidenciales de 2008 se gastaron más de 1,300 millones de dólares en campaña.  ¿Qué importancia tienen los fondos de campaña para ganar unas elecciones?  Según un análisis post electoral de los comicios del 2008, realizado por el mismo Center For Responsive Politics, en el 94% de los escaños del Senado en lista, y en el 93% de los de la Cámara de Representantes que se habían decidido antes de veinticuatro horas desde el cierre de los colegios electorales, el candidato o la candidata que más había gastado, resultó vencedor.  

Son muchos los analistas políticos norteamericanos que piensan que poner fin a la práctica de la financiación electoral privada y hacer obligatoria la financiación pública contribuiría en gran medida a restablecer el carácter democrático del proceso político en Estados Unidos.  Pero la opinión pública estadounidense no parece muy interesada en defender la causa de la financiación pública de las campañas electorales: ese tema nunca figura entre las principales preocupaciones de los votante.

Y para ponerle el cascabel al gato, como decimos los cibaeños, el Tribunal Supremo Federal de los Estados Unidos declaró inconstitucional en el año 2010 (por una mayoría de 5 a 4 de sus Magistrados) las restricciones en las donaciones de dinero (incluso en las procedentes de empresas) para campañas electorales, por entender que vulnerarían el derecho básico de los americanos a expresar sus preferencias políticas como les parezca oportuno.
Continúa...
Por Radhamés Jiménez Peña ;-