martes, 23 de febrero de 2016

PRD: el inicio del fin

Por Pablo Mckinney
“ACUÉRDATE DE ABRIL, RECUERDA”. Con la proclamación oficial de Danilo Medina como candidato presidencial del PRD, termina una época iniciada en 1961, en la que ese partido fue siempre el partido gobernante o el líder de la oposición. Con esta alianza, en la que el partido blanco es la parte minoritaria, quedan atrás -para alimentar recuerdos o alentar resquemores- aquellos años de gloria. Quién puede olvidar aquel abril de héroes (“Acuérdate de abril, recuerdaÖ).
O aquella campaña electoral de 1974 o la de 1978, con don Antonio Guzmán como instrumento elegido para finalizar la “dictablanda” de los 12 años, con mucho pueblo, viejos y nuevos ricos en ascenso, y La Embajada apretando por lo bajo. La del PRD suicidado el domingo, es la repetida historia de los fracasos de nuestra partidocracia en su versión liberal y progresista, desde Duarte hasta ayer: Para alcanzar el poder, los proyectos políticos liberales se niegan a sí mismos, llegan al gobierno y con cada éxito electoral van perdiendo sus esencias ideológicas, organizativas o éticas, sus “principios fundacionales”, que siempre digo. Y así van degenerando, hasta llegado el día en que los pueblos huyen ante tanto desmadre, tanto “morir de éxitos”. Es lo que ocurrió al PRD a partir de 1978, tuvo su acabose en 1990, llegó al éxtasis del absurdo en 2003, y culminó el domingo, como a las once.
“MENOS UN SEPULTURERO”. La alianza PLD- PRD decreta el triunfo del primero e inicia la desaparición del segundo preparando su lento morir, su entierro. Un entierro para el que, llegada la hora, es posible que no aparezca ni el sepulturero que aconseja León Felipe en sus versos: “Para enterrar a los muertos como debemos, cualquier sirve, cualquiera, menos un sepulturero”.  Claro, con esta alianza el PRD hace un aporte importante casi definitorio al triunfo del PLD en mayo, por lo que de una u otra forma será recompensado. Pero, otra hubiese sido la historia, si la alianza del PRD se hubiera dado con el PRM. Pero no pudo ser, porque los líderes del PLD, “ambos, sendos y par de ellos”,  reunidos entre lunes en el Comité Político, no sólo han sabido sortear sus dificultades internas (por lo menos a corto plazo y afectando la escasa democracia interna que le quedaba a ese partido), sino que han sido capaces de aumentar, promover, amplificar y sobre todo enchinchar las dificultades de sus adversarios, como bien lo han sabido Hipólito Mejía y Miguel Vargas, cada uno en su momento, como víctima o beneficiario.
“BENDITA LA LUZ DE TU MIRADA”. Con su alianza en morado, el PRD convirtió al PRM en el mayor partido de la oposición. Pero resulta que el PRM no es un partido, sino un PRD-Mientras tanto, un gran acumulo de gente, algunas personalidades respetables, y muchos señores con un pasado tan sombrío a su paso por Palacio, Congreso o ayuntamientos, que no hacen sino restar credibilidad y negar las promesas y propuestas del candidato Abinader que no se atrevió a apostar a lo nuevo. Siempre he sostenido que la mayor luz del PLD, (y la luz siempre es bendita, según monseñor Maná), su mayor luz, ya digo, son las sombras de sus adversarios.
“Y SIN EMBARGO TE QUIERO”. Todo lo anterior es cierto. Sin embargo, vistos y analizados los hechos, las inconductas aplaudidas, las impunidades celebradas, y los destapes repetidos que se vienen presentando en el PLD, con leonelistas y danilistas tirándose a matar, y no sólo políticamente, digamos entonces, que esa organización ha acelerado su proceso de morir de éxitos, como lo inició el PRD con aquella conflagración fratricida entre Peña Gómez y Jacobo Majluta. (En política, como en el tango, 20 años es un segundo). Nadie niega las altísimas posibilidades de triunfo que una vez más tiene el PLDÖ (parece elecciones de ficción) pero lo mucho hasta Dios lo ve, lo está viendo o lo verá tarde o temprano, como vio los desmadres de aquel PRD que a partir de su llegada al poder en 1978 comenzó a intentar autoflagelarse, lo consiguió en 1990, y culminó totalmente este domingo 21, como a las once. ¡Con su permiso!