lunes, 4 de enero de 2016

Una “filípica” imprudente

Por César Medina ;-
Los curas y los evangélicos han olvidado los buenos modales y las normas más elementales de cortesía frente a sus invitados a liturgias y cultos religiosos, escenarios que aprovechan para denunciar falencias históricas que agravian a dignatarios y líderes políticos.
Aunque existe diferencia entre unos y otros, en la Iglesia Católica también hay sacerdotes que aprovechan la presencia de líderes y funcionarios en misas hasta de difuntos para agenciarse protagonismos denunciando debilidades y enrostrando responsabilidades ajenas.
Pero el caso de los evangélicos resulta alarmante y avizora que en el futuro a sus actividades irán pocos de sus invitados más importantes. Por una razón sencilla: nadie va a casa ajena para que le insulten y atropellen y le atribuyan responsabilidades que no tienen...
... Como es el caso de los líderes políticos-- entre ellos el Presidente Danilo Medina--, que asistieron el pasado viernes al Culto “Batalla de la Fe” del Estadio Olímpico a escuchar al pastor Ezequiel Molina acusarlos de haberse puesto de acuerdo para “mantener el sistema de corrupción en el país”.
Claro que no se refirió a particularidades, pero es obvio que los involucró a todos al generalizar en la responsabilidad que atribuye al partidismo político por haberse convertido “en víbora devoradora que ha acabado con el erario...” El religioso no hizo ninguna diferenciación entre unos líderes y otros.
La vergüenza ajena...
No es que se acallen las denuncias y se oculten las verdades... Tanto los católicos como los protestantes tienen no sólo el derecho sino el deber de denunciar los desvaríos de los políticos y de todo el que defraude a la gente en base a la corrupción, al engaño, a la mentira.
Lo incorrecto es invitarlos a sus actividades para generalizar sobre hechos de los que necesariamente no tienen responsabilidad... Y eso fue lo que hizo el reverendo Molina en su filípica del pasado viernes frente no sólo al Presidente Medina y el opositor Luis Abinader, sino ante otros líderes políticos que han sobresalido por su firmeza contra la corrupción.
El propio Abinader ha basado su campaña electoral en la necesidad del adecentamiento de la función pública, lo mismo que los hijos del doctor Vincho Castillo, Pelegrín y Vinicio, también entre los asistentes al igual que Eliíta Wessin, militante de la misma congregación religiosa. Hasta por razón de elemental cortesía y respeto por unos invitados en sitial preferente-- el Presidente Medina, Abinader, los Castillo y varios ministros de gobierno--, el señor Molina debió ser más mesurado en su discurso ácido y agresivo que dejó sin palabras a muchos de los asistentes.
¿Invitar para insultar...?
Si los evangélicos tienen tantas quejas contra la comunidad política a la que acusa de ser “víbora maligna” ¿por qué invitaron al liderazgo nacional, y en el caso del Presidente Medina se empeñaron tanto en que asistiera a su culto de Año Nuevo haciendo hincapié en que fuera con su esposa? Como el discurso de Molina estaba escrito, la lógica más elemental hace pensar que existía el propósito deliberado de enrostrar a los políticos la responsabilidad de todos los males que afectan a la sociedad, especialmente al gobierno, al Presidente y a los funcionarios presentes. Es práctica que se ha hecho común entre los líderes religiosos: invitar para insultar... Aunque el liderazgo católico tiene un método mucho más delicado: la Carta Pastoral.