martes, 8 de diciembre de 2015

La demostración oficialista

Por Orlando Gil ;-
EL DESPLIEGUE.- ¿Qué llevó al PLD, al gobierno o a la campaña reeleccionista a dar esa demostración de masa y despliegue de recursos del sábado pasado? No fue para replicar una movilización de los grupos de oposición, pues estos hasta ahora se comportan discretos y hacen tan poca bulla que en las calles, todo, menos fiesta. Sin embargo, el oficialismo se la lució ese día y el tapón en la vía superó el provocado por el doble sueldo.
Podría explicarse, tal vez, en que eran cuatro actividades en una, pues se proclamaron dos senadores y dos alcaldes, y el Gran Santo Domingo, además de fervoroso de la política, es muy populoso. A disposición de las candidaturas de Reinaldo Pared, Cristina Lizardo, Roberto Salcedo y Juan de los Santos, hay fondos más que suficientes para sonrojar a sus oponentes. ¿Puede considerarse al Gran Santo Domingo como la media del país, en cuanto a los dineros en manos de los reeleccionistas locales? No creo, pero sí queda claro que en las demarcaciones que se quieran retener, o que sean claves, se harán las apropiaciones necesarias. Dicho en buen romance: por cuarto no se perderán. Aunque, como en la canción del afectado Manuel Jiménez, se incurra en derroche…
LA TENDENCIA.- En los días previos a la manifestación del pasado sábado, una candelita en que cada esquinita daba a entender que los números del candidato Danilo Medina estaban a la baja y que esa era una tendencia indetenible. El desbordamiento de masa podría ser una respuesta. Aunque como he dicho, en esa caída hay mucho de ficción, de manipulación y de engaño de sí mismo. Por ejemplo, la encuesta de los empresarios. Hubo un intento de extrapolar, y se llegó a decir de que así como se reducía su aprecio entre los hombres de negocio, también en la población. Esa medición habría que contrastarla con la realidad, y saber que lo que se dice bajo el anonimato no se sostendría públicamente. En ese escrutinio pudo tirarse la piedra, pero evidentemente porque se podía esconder la mano. La verdad, entonces, podría ser otra. Si el manejo del sector privado con el gobierno, o viceversa, es bueno, la relación o el trato con los empresarios, de manera personal, es mejor. Con decir que muchas citas se consiguen ahora por Whatsapp, o que en casi todos los casos se les resuelve…
TESTIMONIOS.- No estoy inventando, hice la tarea, averigu¨é y recogí testimonios. Además, si no fuera así, si el sector de los empresarios fuera desafecto del gobierno, el beneficiario en términos económicos sería el principal candidato de oposición. Esto es, Luis Abinader. Y no es así, y peor, todo lo contrario. Los que no militan, los que no son fervorosos de ninguna causa que no sea la suya particular, y ven la política con el criterio de costo-beneficio, se acercan, y entre una cosa y la otra, se ponen a la orden: “Si necesitan algo de mí, no duden en llamarme”. Quizás no sea la mejor expresión de transparencia, pero sí de sinceridad. Quieren estar donde el capitán los vea, y se lo hacen saber. No son políticos de faena, de tarima, de caravana, pero saben por experiencia que en la trastienda se gana siempre y nunca se pierde. Esos individuos o grupos de inversión oficiosa en la política, tampoco actúan a la loca. Hacen sus encuestas, tienen sus números, y apuestan a lo seguro. La reelección es un número que gusta, y ni siquiera hay que soñarlo, pues el billetero pasa muchas veces por el frente de la casa y se escucha su pregón…
AHÍ EL DETALLE.- Ningún partido ni candidato se constituye en portaestandarte de la clase media, y la clase media es el único sector que el gobierno no trata adecuadamente. Con los empresarios, cuando quieren. Con los pobres, ya no sabe qué más darles. Pero esa misma clase media no sabe, como se dice ahora, empoderarse, levantar su propia bandera y asumir su destino. Una parte muy pequeña sale a las calles, a manera de vanguardia, y del fracaso va a la frustración. Otra igual de reducida se desahoga en las redes, esperando que se dé el milagro de otras latitudes. Y la gran masa, no solo le teme al cambio, sino que se acomoda en lo establecido. Dicen por lo bajo en las casas y lo demuestran el momento supremo de las urnas: “Es mejor un malo conocido, que un bueno por conocer”. Ahí reside el problema de la oposición. Sus adalides critican al gobierno, censuran sus actos, y en ocasiones de manera pertinente, pero no convencen de que en su caso lo harían mejor…