miércoles, 4 de noviembre de 2015

Protección e impunidad

POR RUDDY L. GONZÁLEZ ;-
¡Tránquenlo... y que resuelva su problema en la justicia!
La oración la oí repetidamente de labios de jefes policiales durante los años en que las leyes que regían la justicia dominicana no contaba con las protecciones de que hoy gozan los acusados, incluyendo las ya famosas medidas de coerción. Eran tiempos de la pistola repetida con la numeración limada y la granada en la funda de colmado que servían de ‘prueba’ para justificar la persecución, encarcelación y hasta condena de disidentes politicos y otros no favoritos del Gobierno de turno, quienes apenas tenían la figura del habeas corpus, generalmente rechazado, para poder lidiar con la persecución.
Era época de la guerra fría, de la acción y persecución de comunistas y de grupos paramilitares. Hoy es la droga, el narcotráfico, el lavado de dinero, el crimen organizadoÖ verdaderamente organizado y multimillonario.
Pese a que la distancia de los tiempos ha hecho cambiar la visión de la sociedad sobre los alcances y proceder de la justicia, no hay forma de convencer, ni a los de aquí ni a los de afuera, de por qué estaban libres cuatro extranjeros, en este caso franceses -dos de ellos veteranos pilotos-, arrestados en pleno laborantismo de un trasiego de más de media tonelada de cocaína.  
Los franceses no tenían prisión domiciliaria, ni siquiera la provincia donde se produjo su arresto y se encartó su expediente. Gozaban de una libertad plena, sin restricción de movimiento por todo el país y sin ningún control de la autoridad judicial, antinarcóticos ni de los organismos de inteligencia y seguridad del Estado. Apenas se les requería presentarse el primer lunes de cada mes a ‘firmar’ un libro de ‘constancia’, ante una secretaria del tribunal que los liberó.
Muchas revelaciones que se han ido produciendo, pública y privadamente, en torno al entramado del narcotráfico y el crimen organizado en este caso, que tiene su clímax en la ‘fuga’ de los pilotos, ponen los pelos de punta.
Abrigo, como muchos, la esperanza de que la historia de la fuga de estos dos pilotos, extremadamente bien ‘guionada’ como para convertirla con facilidad en una película de drama y acción wollydense, ponga en evidencia serias complicidades nacionales y extranjeras que operan en este país, en el que caen los chiquitos, mientras ‘otros’ gozan de la impunidad que autoridades y leyes les proporcionan.