viernes, 24 de julio de 2015

Franklin Almeyda y el PLD

Cuando Franklin Almeyda cogió un pique grandísimo con Juan Bosch y renunció del PLD --en 1978, hace 37 años--, tuvo la humildad de reingresar cinco años después como soldado raso y organizarse en un comité intermedio a cumplir tareas de principiante como circulista del partido.
Después de él, ningún otro peledeísta tuvo la grandeza de dar ese ejemplo a pesar de que muchos de sus dirigentes encumbrados también renunciaron y volvieron sin hacer acto de contrición, incluso después de asumir candidaturas por otros partidos y de aventuras políticas en solitario.
Entre ellos están Rafael Alburquerque y Euclides Gutiérrez Félix, dos de los más prominentes fundadores del PLD que también renunciaron y reingresaron a la cúpula en paracaídas años después.
También volvieron Tonito Abreu, Bengoa, Nélsida, Blanco Fernández, Báez Pozo, Gonzalo González, Manny Espinal... ¿Por qué no Inchausti y Taína?
El único que volvió por abajo “a reeducarse” --como dijo Juan Bosch en aquel momento--, fue Almeyda que retornó al intermedio Gregorio Urbano Gilbert a estudiar de nuevo “la cartilla peledeísta” necesaria para graduarse de activista, pasar a circularlista y luego al Comité Central.
A partir de entonces fue escalando los mismos peldaños que había perdido cuando abandonó el partido inconforme con el líder después de las elecciones de 1978 ganadas por Antonio Guzmán y el PRD a Joaquín Balaguer y al Partido Reformista.
Euclides también se fue
Gutiérrez Félix también renunció esa vez del partido de Juan Bosch, pero nunca estuvo alejado del líder ni renegó de su condición boschista y tampoco formuló críticas al partido que abandonaba a pesar de que hacía periodismo radial junto a Manny Espinal en un programa vespertino.
Euclides tenía un clan en el PLD que le siguió cuando decidió irse: el propio Manny Espinal, Gonzalo González, Báez Pozo, Blanco Fernández. Todos regresaron en 1983 por la puerta grande y Bosch los recibió como hijos pródigos.
En su propuesta para reingresar, Euclides le propuso a Bosch la formación de un “comité de actos” que nunca operó pero que le permitió su reincorporación al Comité Central. La contrición que pidió don Juan a los que se marcharon no se produjo en el caso de Euclides.
En poco tiempo Gutiérrez pasó a ser uno de los hombres de mayor confianza del líder que lo acogió como asistente personal y consultor legal, además de que lo ocupó en asistencia literaria y posteriormente lo hizo director del periódico Vanguardia del Pueblo, el órgano escrito del PLD que circulaba profusamente.
Y entonces... Alburquerque
El caso de Alburquerque es diferente... totalmente diferente: fue expulsado del PLD acusado de “conspiración contra la disciplina y el líder del partido”, lo que provocó una aguda crisis a la organización porque con él se produjo la salida de numerosos dirigentes en especial del nivel medio.
La expulsión de Alburquerque fue resistida por algunos dirigentes. Es memorable la aparición frente a las cámaras de televisión de un grupo de personas encapuchadas que denunciaron una cacería de brujas contra sus amigos y adherentes.
Luego Alburquerque formó un partido político, fue candidato presidencial de escaso atractivo y llegó a componer la fórmula electoral del PRI con Jacobo Majluta en 1990.
A partir de 1996, ya con el PLD en el poder, Alburquerque reingresó al partido y en 2004, como Vicepresidente de la República le correspondió la membresía ex oficio de su Comité PolíticoÖ Hasta hoy.
Por César Medina ;-