viernes, 19 de junio de 2015

¿Quién habló antenoche?

NO PUDO, PUDIENDO.- El presidente Danilo Medina habló al país la noche del pasado miércoles, como se había anunciado y se reclamaba desde semanas. Solo que no pudo complacer a los diez millones de dominicanos, cada uno de los cuales tenía tema y desarrollo de la pieza del mandatario. No habló del Plan de Regularización, cuyo plazo se cumplía en la fecha, ni del escándalo de soborno entre los diputados, que hizo temer la disolución de la República. Ni tampoco del acuerdo con Miguel Vargas y el PRD, que es tortura de propios y extraños. Habló de lo suyo: de la reelección, y de una manera que la audiencia debió quedarse sentada, esperando la próxima comparecencia, en la que dirá si va o no va. ¿Tomadura de pelo? No creo.
Pero sí confirmación de que Medina, en particular, y sus estrategas, de conjunto, tienen un plan y lo van aplicando punto por punto, y sin que nada de lo que ocurra afuera o a su alrededor cambie su ánimo. Lo mismo que dije en una ocasión sobre el desempeño de su gobierno. Nada improvisado, ni siquiera las palabras…
POLÍTICA DE CASINO.- Los otros son los otros, y los otros no entienden que el problema no es llegar a la estación, ni montarse en un tren, y ni siquiera hacer el viaje, pues si no tienen el debido cuidado, pueden equivocarse de destino. El italiano Umberto Eco, en su última novela Número Cero, pone a uno de los personajes a hacer un chiste viejo, pero de vaquero. El vaquero iba por el llano y una voz desde el cielo le dice que tome el camino de Abilene, y cuando llega a Abilene, esa misma voz le indica que entre al Salón, y ya en el Salón, le sugiere que apueste al cinco, pero -- joder -- sale el veintiocho, y antes de que el vaquero reaccione, la voz se le adelanta, ya no desde el cielo, y le susurra: “qué pena, perdimos”. Entre políticos de oposición hay muchos vaqueros del llano que oyen voces del cielo y están tomando el camino de Abilene, entrando al Salón y apostando al número equivocado. Después, cuando pierdan, que no se quejen. La política de casino, lo mismo que la economía de apuesta, solo lleva al fracaso…
EL CISNE NEGRO.- Toni Raful, quien adonde quiera que vaya lleva su cisne negro, aventura la tesis de que David de nuevo vencerá con su honda a Goliat. Suena bonito, y muy auspicioso. Solo que la mitología del Viejo Testamento no funciona. No hay David, tampoco Goliat, y ninguna fuerza sobrenatural. Ahora se suman factores, y se hace de acuerdo a la circunstancia. Se conoce la disposición y renuncia de Miguel Vargas, pero no la razón que llevó a Danilo Medina a hacerle una oferta que éste no pudo rehusar. Muchos explican, y en todos los análisis la lógica salta y brinca como si un maco hubiera caído en agua caliente. Falta la versión del jefe del Estado, pues se tiene un resultado: la reelección, pero no se ve más. ¿Quién habló antenoche, el presidente o el candidato? Ni uno ni otro. Si acaso podría decirse que el estadista. A su decir, ni frenó ni aceleró la reforma, pero reconoce “el avance institucional y perfeccionamiento democrático”. No se sentó a la mesa, no jugó la partida, pero sin duda era el padre de Maverick…
SI, PERO NO.- En esas condiciones, Danilo Medina puede llegar a un acuerdo político con Miguel Vargas, que no es lo mismo que un pacto electoral. Como presidente de la República es dueño de todas las posiciones administrativas del gobierno, y podría disponer de ellas a su antojo, necesidad o capricho, pero no de los cargos electivos. En la comparecencia de Vargas se hicieron evidentes esas lagunas, y por igual en la alocución de Medina. No han podido ni pueden hablar con suficiencia, pues lo más importante todavía está en cocimiento, e incluso involucra a terceras personas. O a la Persona. Medina no puede dar detalles, en caso de que los hubiere, pues no tiene la investidura de candidato de su partido, y por tanto, tampoco los poderes para negociar. La situación, incluso, es singular. No se sabe mucho, y no se sabe mucho porque Vargas no le suelta prenda a los suyos, y lo mismo hace Medina. Cautos, prudentes, nadan de lado, viendo el frente, la espalda y el derredor, evitando, de ese modo, la sorpresa de los indiscretos…
Por Orlando Gil ;-