martes, 9 de junio de 2015

Los errores electorales…

En ocasiones los triunfos electorales más seguros se escapan como agua entre los dedos. Le pasó al Partido de la Liberación Dominicana y a su candidato Bosch en 1990: el “triunfo seguro” los llevó a desdeñar el apoyo de Peña Gómez y del PRD… ¡Y al contar fue el llorar! A Peña Gómez, lo mismo… En 1994 nadie en sano juicio podía pensar que perdería las elecciones, y aunque hay que citar tanto esa “derrota” como la “victoria” de Balaguer entre comillas, esa vez Peña perdió su mejor oportunidad de llegar al poder. Dos años más tarde el escenario casi se repitió abriendo la brecha que hizo posible el inesperado triunfo de Leonel Fernández en un balotaje cuestionado hasta por muchos peledeistas y boschistas. Un poco más atrás –en las elecciones de 1986–, Elías Wessin tocó las puertas de Jacobo Majluta para ofrecerle el respaldo del PQD a cambio de casi nada… Jacobo miró para otro lado. ¿Para qué gastar pólvora en garzas si no caben más perdices en la cazuela?... … Los 36 mil votos que sacó el PQD en esas elecciones hicieron ganar a Balaguer y Jacobo jamás alcanzó el poder. El asunto es que en procesos electorales como los nuestros no es recomendable desdeñar apoyos o subestimar alianzas que a la hora de contar pudieran definir los resultados.
… La “barrida” otra vez
Ahora debe producirse una “barrida” a partir de los factores que favorecen la reelección de Danilo Medina de concretarse la alianza de los tres principales partidos del sistema. Pero un acuerdo político de esa naturaleza debería tener un alcance mayor que la victoria que luce segura. Se trata de un acontecimiento inédito en la historia electoral dominicana: la alianza electoral de las formaciones partidarias que han contendido y gravitado decisivamente los últimos 50 años, los únicos tres partidos que han ganado el poder en ese medio siglo, la posibilidad de cerrar el abanico político para producir los cambios que demandan estos tiempos. Los resultados que podría lograr esa alianza no pueden cuantificarse en términos de repartir ventajas, posiciones electivas o cargos en la administración pública. Y para el Presidente Medina sería la coronación de una hazaña soñada por todos los líderes políticos desde los inicios de la República. En el caso del PRD y del PLD se trata de los dos partidos formados por Bosch, el segundo desprendido del primero, y aunque marcaron rutas paralelas hace 42 años, su origen común hace suponer que los dirigentes de uno y otro lado quisieran verse juntos aunque sea en una coyuntura electoral…
¡… Y luego, ya veremos!
Todas las condiciones están dadas para que se produzca el gran acuerdo entre el PRD y el PLD que los llevaría a compartir la boleta electoral en sus tres tramos de elección: presidencial, congresual, municipal. Con el Partido Reformista sería asunto de renovar viejos vínculos y acuerdos electorales. En la particularidad actual, Danilo y Quique tienen una relación de amistad que excede los afectos políticos. El PLD, el PRD y el PRSC unidos en base al propósito común de transformar las estructuras del Estado es la única posibilidad que tiene el país de superar los antagonismos insustanciales que por medio siglo han trabado el desarrollo nacional. Es un propósito que deberían impulsar el empresariado, sectores religiosos, grupos de presión y la sociedad civil para lograr que el acuerdo supere la coyuntura electoral.
Por César Medina ;-
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