martes, 16 de junio de 2015

La candidatura vicepresidencial

La historia vino a cenar
Consumada y próximamente consumida la modificación constitucional, el PLD tiene al país y sus instituciones en sus manos. Por tener, el PLD tiene hasta los grupos económicos que en ataques de celos presupuestales le enfrentaron duramente hasta casi finalizar el 2012. A matar le tiraron los señores, solo que, ya victorioso y coronado Danilo Medina, los príncipes iniciaron un acercamiento, un tierno gardeo al nuevo Presidente que, inteligente, instruyó a las ambulancias del 9-1-1- para la urgente recolección y salvamento de los heridos reales o ficticios por “culpa” de su triunfo.
Sumados al gobierno esos sectores, el presidente Medina se encontró un buen día (finales de 2012), con la noticia de que gobernaba sin oposición política ni empresarial; y que esos grupos empresariales que en 2011 habían enfrentado a Leonel Fernández “por la posibilidad de una modificación constitucional para su repostulación”, ahora le “enfrentaban” a él (a Danilo Medina) pero justo por lo contratrio: porque se negaba a aceptar dicha modificación y ser beneficiario de ella. Incluso, esos “constitucionalistas del capital”, “institucionalistas del ASIGÚN” de los doctores Pozo y Céspedes, llegaron al exceso de conminar al Presidente de la República a aceptar la repostulación o atenerse a las consecuencias posibles de una “crisis de confianza” que supuestamente su ausencia de la Presidencia originaría en el país. Y lo demás es historia.... Pascua en diciembre.
La candidatura vicepresidencial como señal
La reciente modificación constitucional ha sido mucho más que una modificación de la Carta Magna. En verdad, lo que ha ocurrido ha sido un cambio de poder, una antorcha arrebatada. Sin embargo, un cambio de mando no significa que el vencedor vaya a desconocer la importancia política y electoral del vencido, y menos va a hacerlo un estratega de las luces frías, de la experiencia acumulada y la madurez politica de Danilo Medina. El Deja vu de la modificación constitucional fue posible porque a los estrategas de la reelección “le daban los números”. Dado el desgaste que 16 años de poder provocan, no es descabellado pensar que el sector Medina ofrecerá un puente de plata al sector vencido. Si el candidato vicepresidencial será Francisco Domínguez Brito, el empresario amigo del mandatario, o la doctora Margarita Cedeño de Fernández, eso dependerá de “los números” y la necesidad o no de apoyos. La candidatura vicepresidencial será la evidencia de por dónde marchan los tiros y cómo están los números de la candidatura.
La progresía
Tanto hemos visto los dominicanos en esta democracia gris y un poco puta, que por ver sólo nos faltan las sombras, saludar la ceguera. La única constancia de nuestra clase política ha sido su empeño en desdecirse y renunciar a ser para tener: el poder, por ejemplo. Ni este liberó ni aquel revolucionó nada, eso lo sabemos. Pero, qué ha sido de nuestra progresía nacional, de la izquierda democrática; por dónde andan quienes dicen priorizar lo social sobre el capital, la igualdad sobre el crecimiento. Lo ocurrido a lo interno del PLD, y lo que ocurre a los tradicionales PRD y PRSC debería dar paso (al igual que ha ocurrido en el resto del continente) a una crisis del sistema tradicional de partidos, pero resulta que nada de esto ocurre, y los de siempre se reciclan y vuelven y vuelven. ¿Por qué ganan siempre los mismos “y nunca heredan los deshereda’os”, como diría Serrat. ¿Qué NO ha hecho la progresía nacional que sí ha hecho el PLD o el PRD en su momento para lograr ser percibida por los electores como opción de poder, y romper con esa desconexión con las aspiraciones del votante promedio de nuestras elecciones? Haciendo lo mismo no es posible alcanzar nuevos resultados, dijo don Alberto. El escenario actual, con un PLD muerto de éxitos y una oposición tradicional cuyo discurso su pasado desmiente, es un buen momento para hacerse la pregunta. ¿Qué le falta por hacer a la izquierda democrática dominicana para merecer la confianza de los votantes? En la respuesta hay un bulevar.
Por Pablo Mckinney ;-