domingo, 19 de abril de 2015

Brewster en acción

James “Wally” Brewster junto a su esposo Bob Satawake
Santo Domingo;- La línea sutil divisoria cuando un embajador o jefe de misión expone “inquietudes” sobre la situación del país donde está acreditado, y la intromisión en los asuntos internos es, a veces, imperceptible, para las dudas de los lectores que ven tan activo al embajador James Brewster.
Brewster, objetado por los sectores conservadores del país cuando fue propuesto, debido a su condición homosexual, ha estado puntual en visitas y en una campaña contra la corrupción, que lo ha llevado a ser casi un colaborador del procurador general, doctor Francisco Domínguez Brito.
En la vieja diplomacia, su sitio de visitas y notas sería la Cancillería, no así las cámaras de televisión, los medios radiofónicos o las mesas de redacción en periódicos. El mundo ha cambiado y ello al parecer se permite que los embajadores aireen sus temas y más todavía, amenacen.
No es el caso, pero una de las preocupaciones de las cancillerías es que un largo ejercicio de un embajador termina con involucrarlo en los asuntos del país donde está acreditado, pero Brewster hace poco tiempo que cumplió un año y muy pronto se ha “aplatanado”.
Originalmente se pensó que las clases altas adictas a la guía norteamericana y sectores de los medios de comunicación conservadores le harían el “fó” al diplomático, pero no ha sido así. Ahora los políticos y los no políticos aceptan de buen agrado sus invitaciones y van a sus charlas.
Algunos tuvieron que ver con cierto asombro lo que dijo en el almuerzo del Grupo Corripio, según lo citó el diario Hoy, uno de los medios. Brewster manifestó que cuando la corrupción afecta los intereses estadounidenses, o los negocios de estadounidenses, se encarará esa situación de manera muy agresiva.
“Hemos trabajado con el ministerio público y con organizaciones empresariales para insertar la corrupción como un tema primordial, para que se comprenda que cada vez que alguien toma dinero ilegalmente le está robando dinero a sus socios internacionales, pero también al pueblo que paga los impuestos”, comentó, según la crónica.
La expresión encarar de manera agresiva es inusual en un jefe de misión, sobre todo acreditado ante un país amigo. Los recuerdos de las intervenciones armadas de los Estados Unidos en mayo de 1916 y abril 1965, hace cincuenta años, haría que la palabra agresiva no sea un vocablo pertinente.
País contradictorio
De un país contradictorio como es, algunos políticos dominicanos acogieron de buen agrado la presentación del embajador norteamericano porque dijo algo que hace tiempo pudo conocerse: que los Estados Unidos no está ligado a las acciones del capo condenado, Quirino Ernesto Paulino.
Un dirigente de mediano rango del PLD de la facción del expresidente Fernández se quejó de que la prensa no hubiese dedicado el espacio debido a las afirmaciones del diplomático, quien afirmó también que las cosas dichas por el señor Paulino “hay que tomarlas con dedos de sal”.
Otros políticos del mismo partido pudieron quedar con la cara larga porque el diplomático consideró “la cosa más absurda”, la creencia puesta a circular desde hace algún tiempo de que los Estados Unidos está detrás de un plan unificador de la isla Hispaniola.
El pasado miércoles, un grupo de jóvenes se presentó a las puertas de la embajada de los Estados Unidos solicitando que ese país cancele los visados de los miembros de la Suprema Corte de Justicia, SCJ, por el fallo de “No ha Lugar” que favoreció al senador Félix Bautista.
La salida de los jóvenes pudiera tener que ver con la impresión de que a pocas horas de ese dictamen del magistrado Moscoso Segarra, como impulsado por un resorte, el embajador Brewster visitó al procurado Domínguez Brito, en aparente solidaridad con su causa.
Domínguez Brito está disfrutando del momento ya que, como un aspirante no declarado a la Presidencia por el PLD, pudiera dar la impresión de ser un corsario de la política, enemigo del doctor Fernández y dominador de un tema favorito de los titulares: la corrupción.
El procurador se juega la faja en ese maridaje con el embajador Brewster porque, que se sepa, la única institución que todavía guarda y quizás guardará su distancia del diplomático es la iglesia católica, de la cual el funcionario dominicano es un acólito consagrado.
En el juego de la lucha contra la corrupción no se incluye a los empresarios. Ellos, por medio de sus diversas asociaciones hablan siempre de la corrupción administrativa en el gobierno pero nunca de la del sector privado y, sobre todo, de los que negocian con el Estado.
Renuncia a exenciones
La renuncia a las exenciones de todo tipo ya sea al sector público como al privado, podría marcar definitivamente el término de algunas fuentes de corrupción que los gobiernos conocen bien pero que no deciden erradicarlas por las exigencias de los interesados.
El doctor Balaguer comenzó a poner en vigor los regímenes de incentivos a las industrias, a la agricultura, al turismo, a la minería y a otros sectores que en nada beneficiaban a los asalariados y a la gente común y corriente que siempre vieron esos programas como privilegios.
En su momento esos tratamientos tuvieron su sentido porque el gobierno que inauguró el doctor Balaguer en 1966 requería levantar la industria dominicana que estaba en pañales y abrir el país al turismo, mejorar la agricultura e incentivar la minería.
Las exenciones fueron desnaturalizadas y dedicadas a complacer apetitos y gustos que estaban muy lejos de la finalidad con que fueron concebidas. El caso de la minería fue bastante grave porque, según han dicho entendidos, las empresas de la época liquidaban los impuestos que tenían que pagar a las aduanas. Así crecieron fortunas que se fueron al exterior y un enorme parque vehicular privado.
Durante el régimen de los diez años, cansado de escuchar quejas sobre las exenciones,  cuando ya el país había superado las dificultades de los años sesenta, el doctor Balaguer le ordenó a la persona que desempeñaba la secretaría de Finanzas que investigara la realidad. Cuando se le llevó el informe bien detallado, el viejo gobernante comentó: “Ah, pues hasta la iglesia anda en yipetas”.