domingo, 19 de abril de 2015

El PLD en encuentro decisivo

Todo el que ha tenido la amabilidad de ser lector asiduo de esta columna en los últimos meses, es consciente del plnteamiento sencillo nuestro; “ni el uno ni el otro”.
Tuvimos la osadía de recomendarle a los peledeístas una fórmula ideal para que ese partido no entrara en una trampa de grupo que lo desgastara en una lucha que podría terminar hoy como la fiesta de los monos: a rabazos limpios.
Propusimos que el afán de uno por volver, y del otro por querer quedarse, sería el ingrediente mágico que introduciría innecesariamente el terrible mal de la division interna en el partido institucionalista del profesor Juan Bosch. Aunque todo parecía claro en esa organización que abrió una prometedora campaña interna de nuevos líderes para escoger un nuevo liderazgo, tanto el uno como el otro hicieron colapsar ese prometedor esfuerzo para que cada cuatro años la sociedad se reciclara trayendo nuevas esperanzas a las multitudes que sería la estrella de ese nuevo escenario.
Recordamos a Rómulo Betancourt en Venezuela, a Pepe Figueres en Costa Rica y al general Lázaro Cárdenas en México, como ejemplos vívidos que supieron crear las condiciones para institucionalizar el Poder Ejeutivo de esos coflictivos países que atravesaron muchas penurias antes que se acabaran los asesinatos y rebeliones contra jefes de Estado.
Esos objetivos eran los que se debían esperar de un civilista como Leonel Fernández quien ha gobernado tres veces y ahora ha puesto su suerte en manos de los vientos en un país, ubicado en el mismo trayecto del sol, y se padecen seis meses del año expuesto a los peores vientos.
A Leonel tendremos que hacerlo descender del podio de los Estadistas pseudos institucionalistas comprometidos con el cambio social en paz y la integración de las nuevas generaciones.
La ambición de Leonel ha arrastrado a Danilo que con discreta veteranía ha comprendido que no puede dejar el país en manos irresponsables que convertiría de nuevo la administración en un “banquito de picar carne”, en perjuicio de la decencia administrativa y en desmedro de todo lo decente en la vida nacional.
Sinceramente postulamos porque el PLD no sea como se ha dicho, una fábfrica de presidentes hasta el 2044, sino un ejemplo vivo como lo propuso Juan Bosch solamente interesado en la decencia política del país y crear una sociedad en donde los dominicanos sientan orgullo, que no se sientan avergonzados, de vivir en este suelo.
Parece que contra todo razonamiento sensato los peledeistas han escogido para su futuro inmediato, el camino más escabroso y difícil. Erizado de acechanzas mortales de las que solo puede salvarse si al final del día alguien logra introducir en el espíritu de sus líderes “un grano de mostaza” de sensatez y solidaridad.
Aparte de lo que planteamos en este artículo los peledeítas hoy debieran comenzar el día con una invocación sobre los valores ideológicos de Bosch y leerse las cuatro últimas páginas del libro del ingeniero Joaquín Gerónimo, sobre el criterio de Bosch sobre las característica del llamado “populismo”.
Leyendo esas reflexiones de Bosch advertirán que ese pensamiento mantiene su frescura, su lozanía y su vigencia para una sociedad como la nuestra.
Citamos: “Un partido como el PLD no puede faltarse el respeto a sí mismo cayendo en actitudes populistas porque con esas actitudes se le abre paso hacia las entrañas de nuestra posición ideologica al peor enemigo que podemos tener, el que nos puede derrotar desde adentro de nosotros mismos convirtiéndonos, sin que nos demos cuenta de ello, en otro PRD o en otro PR; y el día que eso sucediera tendríamos que interrogarnos diciéndonos: “¿Por y para qué, pues, salimos del PRD, si ahora nos convertimos en lo que él es?”. Ojalá no suceda lo planteado por Joaquín Gerónimo en su libro titulado “En el nombre de BOSCH”...
Por Silvio Herasme Peña ;-