lunes, 2 de marzo de 2015

RD bajo asedio de Haití

El 171 Aniversario de la Independencia de la República celebrado el pasado viernes nos llegó con un asedio de la República de Haití en dos frentes: uno externo, basado en una infame campaña sucia de acusaciones de racismo y xenofobia, barbarie, genocidio civil, apartheid del Caribe, que busca nuestro aislamiento internacional; y un segundo, la indetenible invasión pacífi ca sobre nuestro territorio, consolidando la ocupación que ya han logrado obtener de manera masiva en campos, barrios y ciudades de toda la geografía nacional.
Durante el último año advertimos una y otra vez al gobierno dominicano de la inutilidad y la falta de sinceridad y de compromiso real del gobierno haitiano en el ridículamente llamado “Diálogo Histórico”, que encabezara el ministro de la Presidencia Gustavo Montalvo. Quien esto escribe dijo en cientos de ocasiones, en programas de televisión y radio, y en estos artículos en el Listín Diario, que era una estrategia de Haití entretener al gobierno dominicano en un falso diálogo y usarlo de “mascarón de proa” para invadir con tranquilidad a nuestra nación, aprovechando la prohibición de deportación que está insertada en el Plan Nacional de Regularización que vence en junio próximo.
La verdad y la realidad se han abierto paso. Oímos al canciller Navarro darnos la razón cuando, al emitir una enérgica y atinada reacción de protesta en contra del asalto de que fuera objeto nuestro Consulado en Puerto Príncipe, observó que el diálogo entre República Dominicana y Haití “debe ser sincero” y que “no se puede hablar y por otro lado hacer lo contrario”, en una clara y tardía admisión de la hipocresía haitiana en la mesa del diálogo.
Los acontecimientos del pasado día 25 de febrero no dejan ninguna duda de que el gobierno haitiano decidió quitarse la máscara de la cordialidad frente a la República Dominicana.
Aupó y patrocinó, junto con la élite haitiana, lo que he denominado la “marcha de la infamia”, basada en la mentira y la monumental falsedad de una movilización contra actos de xenofobia y racismo en la República Dominicana, que tuvo como eje fundamental el ahorcamiento atroz de un ciudadano haitiano en un parque de Santiago, bajo el supuesto y falso móvil del racismo o de la xenofobia.
La Cancillería haitiana tuvo la desvergüenza de, al tiempo que supuestamente condenaba la humillación y el asalto a la sede consular de República Dominicana, felicitar a los organizadores de esa marcha ignominiosa, a pesar de que el Procurador General de la República y las autoridades competentes habían declarado días antes que ni el ahorcamiento, ni el robo en la casa del embajador Cinéas, habían tenido motivaciones de xenofobia o de odio racial.
Es obvio que el gobierno haitiano también apoyó el asalto al Consulado.
A pesar de ser una marcha con permiso, anunciada previamente, no se tomó ninguna medida de seguridad sobre la sede diplomática y consular, ni tampoco se alertó a las tropas de la Minustah, con lo que queda claro querían mandar un mensaje humillante e intimidante a la República Dominicana.
El gobierno haitiano va a agitar y a promover la agudización de la confrontación con los dominicanos, lo que hace imperativo que el gobierno, en ausencia de seguridad de la sede diplomática y consular, ordene el cierre de las mismas y la evacuación de los dominicanos que residen en Haití.
En la lógica de las mentes diabólicas y turberas haitianas, no es descabellado pensar que en la próxima semana se produzcan agresiones violentas y/o linchamientos de dominicanos en Haití, lo que puede generar en hechos imprevisibles entre los dos países.
La ofensiva del gobierno de Haití con la campaña sucia de acusaciones de racismo tiene como objetivo doblegar y arrodillar al gobierno del presidente Danilo Medina para que éste, al fi nal del Plan Nacional de Regularización, que vence en junio, no pueda ordenar repatriaciones contra ilegales haitianos y, si lo hace, que las mismas puedan ser tildadas producto del racismo y la xenofobia contra los haitianos.
Para Haití es fundamental desatar todas las presiones inimaginables en los próximos 90 días, para tumbar el pulso a la República Dominicana de que no pueda adoptar las medidas propias de un Estado soberano en materia migratoria bajo el chantaje del racismo.
Por eso el hecho más importante y relevante del discurso del presidente Danilo Medina el pasado viernes fue precisamente el mensaje claro e inequívoco de que no habrá prórroga ni de la Ley 169-14, ni del Plan Nacional de Regularización, advirtiendo que los extranjeros ilegales que no se inscriban en los próximos 75 días quedarán sujetos a ser deportados.
El presidente Medina, igualmente, puso muy en claro que no aceptará presión de potencias y organismos internacionales para variar estos aspectos cruciales del ordenamiento constitucional y legal de nuestro régimen migratorio.
Los hechos violentos de Haití contra la República Dominicana y la quitada de careta del gobierno títere que rige ese país han logrado abrirle los ojos a aquellos que todavía dudaban y minimizaban la magnitud, desafío y peligro a que estamos expuestos como nación.
La consigna sigue siendo hoy más que nunca la unidad nacional, el aislamiento de los malos dominicanos a los que Duarte les llamaba “traidores”.
La suerte está echada. Con nuestro lema Dios, Patria y Libertad saldremos airosos de esta conspiración, que no es sólo haitiana, sino muy especialmente de potencias extranjeras que pretenden, a través de una invasión pacífi ca de población, liquidar nuestra identidad nacional.
 Por Vinicio A. Castillo Semán ;-
@Viniciodiputad