lunes, 2 de marzo de 2015

Pobre valoración del discurso

EL CONCEPTO.-  Las opiniones sobre la rendición de cuentas del presidente Danilo Medina revelan el pobre concepto que de la institucionalidad tienen los políticos de oposición. Por ejemplo, el Partido Revolucionario Moderno quiso que hablara en la ocasión del caso de Félix Bautista y de la deuda de Leonel Fernández con Quirino Paulino Castillo. Incluso, para decidir esa genialidad, los directivos se llevaron tanto tiempo que no pudieron aprovechar una de las transmisiones especiales del día, y con la que habían acordado enlazar. Uno de los integrantes de ese consejo de sabios, que se había convocado al efecto, no se dejó arrebatar por la prisa e impuso a los demás que la declaración debía ponerse por escrito. Esto es, que no debía improvisarse, pues al parecer no le concedía talento a Andrés Bautista para replicar la pieza sin papel. Al final, fue el final, y perdieron la oportunidad, ya que cuando estuvieron listos, la jornada televisiva había terminado. Sin embargo, hicieron sus afirmaciones para consumo posterior de los noticiarios y los periódicos.
INICIATIVA.- Ninguno pensó que el caso Félix Bautista no era tema propio de una rendición de cuentas, y la razón era muy simple. El expediente está en manos de la Justicia, y la Justicia es otro poder del Estado, y el Ejecutivo, dentro de la división de poderes, no puede intervenir en sus asuntos. Esto es, que fueron los voceros del PRM quienes estuvieron fuera de orden, y no el Presidente de la República. Pero si hiciera falta, no debieron olvidar que Bautista se encuentra en los tribunales por iniciativa del Procurador General de la República. Que Francisco Domínguez Brito hizo todas las diligencias que fueron posibles, y que no puede hablarse de impunidad hasta tanto no se conozca el fallo del juez Alejandro Moscoso Segarra, y este sea favorable al senador de San Juan de la Maguana y compartes. El procurador Domínguez Brito, por demás, depende del Presidente de la República, y si llegó hasta donde llegó, sin dudas, fue porque su superior no contravino su voluntad. Con un decreto se acababa el evento, y ese decreto no ha sido dictado, aun cuando se sabe que Domínguez Brito tiene sus maletas hechasÖ
NEGOCIO.-  Del caso de Quirino Paulino Castillo puede decirse lo mismo. El narco reclama a Leonel Fernández el pago de una supuesta deuda, y Fernández no es actualmente Presidente de la República. No podía el actual mandatario incluir en su rendición de cuentas algo que no compete al gobierno. Se trata de un negocio privado, y como privado, deberá dilucidarse en las instancias apropiadas. El PRM, sin que se conozca razón, se toma el pleito de Paulino Castillo y Fernández muy a pecho, sin advertir los riesgos y los peligros. El llamado Don volvió al país, y nadie sabe en qué condiciones, ni cuáles serán sus próximos pasos. Si reiterar su reclamo a través de los medios o elevar recursos ante las jurisdicciones correspondientes. Sea que escoja una vía o la otra, necesitará amparo político. Paulino Castillo es un arma de destrucción política, si se usa adecuadamente. Fernández y sus estrategas no han sabido, hasta ahora, manejar inteligentemente el asunto, y la campaña se acerca y la amenaza se mantiene.
EL TRANCE.- El caso de Quirino Paulino Castillo y Leonel Fernández es lo más parecido al trance que se da cuando un tíguere de barrio se para en el frente de la casa de un señor respetable, y lo desafía a matarse en la calle. La razón no importa, el reto crea la situación. Si sale a defender su honor mancillado públicamente, los vecinos le reprocharán haberse rebajado. Pero si prudentemente no da la cara, entonces dirán que cogió miedo. No hay suma ni resta posibles, todo es perder-perder, políticamente hablando. Ante un arma tan poderosa, y considerando que Fernández sea incapaz de enfrentarla, y menos de vencerla ¿se atrevería el PRM a asumir el patrocinio político de Paulino Castillo?  Una cosa debe llevar a la otra. Si los perremeístas entienden que la causa del narco, que ya no es narco porque cumplió su pena, es justa y noble, puesto que salva a la República de la ignominia de Leonel Fernández, lo correcto es reconocerlo como propio. El haber traficado con drogas no lo descalifica políticamente,  pero sí a Fernández que tomó su dinero. ¿Como se llamaría la obra? ¿Cinismo o pragmatismo?...