miércoles, 18 de marzo de 2015

No al chantaje


La discusión sobre el espinoso tema de la inmigración haitiana ha contaminado nuestras luchas internas en la política, la economía, en lo .cultural, lo social, en todo lo que nos rodea

Pero, y sobre todo, con mucho de hipocresía.
Un segmento importante de nuestra sociedad, apoyado por la estructura de una pandilla mediática con objetivos claramente definidos, aprovecha este revoltillo de pasiones para lograr sus objetivos de riqueza, sin importarles el costo social, económico y político que ello representa .
Son grupos que no tienen miramientos de las penurias de los millares de hombres y mujeres que viven en la indigencia, explotados y con muy pocas perspectivas de mejoría, que ven en este lado de la isla su única esperanza de vida.
Con una prudencia que a veces parece exagerada, el Estado, el gobierno dominicano está tratando de recomponer el dificil rompecabezas del entramado de la inmigración haitiana, desbordada en los últimos tiempos.
La sentencia 168-13, la ley 169-14, el Plan de Regulación, el cauto ña veces más de la cuenta- control fronterizo, son medidas que cuestan mucho dinero y esfuerzos a nuestro Estado, que aún así se arriesga a denuncias, nacionales e internacionales, y hasta impopularidad.
La intensa acción diplomática, que con tacto ha desplegado el gobierno en la persona del canciller Andrés Navarro, ha arrojado buenos resultados, ya que con energía y sin ceder a nuestros derechos, ha transitado por el empedregado camino del diálogo con Haití, en un nuevo esfuerzo por lograr una convivencia que a veces parece imposible. En este escenario es inaceptable, por tanto, la presión que agregan los constructores de obras que pretenden aterrorizarnos con la ‘advertencia’ de que la economía nacional sucumbiría si se reduce la mano de obra haitiana.
Y tienen el tupé, esos grupos del sector empresarial privado, de desvincularse del estatus de los inmigrantes, que usan y explotan.
El gobierno no puede dejarse chantajear -sin ser indiferentes a estas advertencias- y aplicar las políticas de ‘puertas abiertas’ porque abogan personeros nacionales que actúan como peones de las ONGs, gobiernos y entidades internacionales, que en estos propósitos tienen su razón de ser.
Por Ruddy L. González ;-