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sábado, 7 de julio de 2018

¿Peligro de una nueva “avalanche”?

Haití ha entrado, desde ayer, en un torbellino de protestas populares contra los importantes incrementos en el precio de la gasolina, el gasoil y el kerosene al poner en vigencia un acuerdo de ajustes con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que obliga al gobierno a eliminar los subsidios estatales a estos combustibles.
La República Dominicana debe observar con atenta mirada el estallido de estas protestas que se producen en un momento en que, por igual causa o por otras que implicaron aumentos de precios o impuestos en productos de primera necesidad, han sumergido en la inestabilidad, la violencia y la incertidumbre a otros países de América Latina.
Brasil pasó por esa experiencia meses atrás y el gobierno se vio forzado a revisar sus medidas alcistas en los tarifarios del transporte y los combustibles. Argentina lo mismo y Nicaragua, tras la unilateral decisión del gobierno de aumentar las cargas de los afiliados de la seguridad social, también ha caído en el tobogán del descontento popular y nadie sabe cómo terminará, aunque presagia el fin de su gobierno.
Hay mucha sensibilidad entre los pueblos frente a toda medida que suponga una pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos o nuevas sobrecargas de precios o impuestos para sustentar las recaudaciones de los gobiernos, las que a su vez, en buena medida, deben de destinarse al pago de deudas externas o a la solución de déficit presupuestarios.
Haití, atrapado en la pobreza extrema y el abandonado, en sus horas más aciagas, por los países que dicen ser amigos solidarios, que sistemáticamente se valen de propagandistas financiados para lanzar acusaciones e infamias sobre las políticas migratorias de República Dominicana y sobre un supuesto discrimen racial hacia los haitianos, se encuentra en estos momentos en una caldera de disturbios callejeros y de indignación popular, que ya han provocado al menos tres muertes.
Bajo ese estado de cosas y de ánimo, lo previsible es que si no hay maneras de parar la “avalanche” callejera haitiana, salvo que el gobierno se desentienda del programa purgante del FMI, la crisis y la desesperación empujen a una “avalanche” mayor hacia nuestro país, cuya frontera, por más guardias y equipos que se desplieguen, es la vía favorita para el escape.
Pongamos, pues, las barbas en remojo.
Tomado del editorial de
¿Peligro de una nueva “avalanche”?
de la fecha
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