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jueves, 21 de junio de 2018

“Mi papá era loco conmigo, él me llamaba Pupito”

Valoy dijo que siempre defendió los
derechos de los sectores marginados
de la sociedad, a través de los merengues
que grabó en la década de 1970.
Cuco Valoy se marchó del país “porque no me gustaban los abusos que se estaban cometiendo en los gobiernos presididos por Joaquín Balaguer”
Nacer bajo uno de los regímenes más difíciles que ha tenido la República Dominicana, como lo fue la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, le ocasionó mucho daño a la vida de Cuco Valoy, tal vez por los abusos que veía cometer durante el régimen trujillista.
Desde pequeño, tuvo muchos sueños, siendo uno de ellos dejar Manoguayabo, sección San Miguel, donde vivía junto a su padre Santiago Reynoso y sus ocho hermanos, “para convertirse en alguien en la vida”. Su madre había muerto cuando tenía cuatro años de edad. “Yo soy Valoy por parte de mi madre”, comenta el artista, quien a pesar de haberse criado en el seno de una de las familias más pobres del lugar, se considera una persona bendecida. A sus diez años, era considerado el mejor tamborero que había en San Miguel de Manoguayabo, una aldea de unas 50 casitas, “donde se daban esas fiestas patronales y de Navidad. Allí había un trío de acordeón que inspiró en mí el amor por la música”.
Pupo Valoy Reynoso, nombre de pila del cantante, estudió teoría musical en el Conservatorio Nacional de Música, lo que sería la base para su carrera artística; allí aprendió a tocar el piano, el bajo y la guitarra. También se destacó como percusionista.
Durante su trayectoria artística, se preocupó por transmitir el conocimiento musical a sus hijos, siendo su mayor anhelo hacer de la música un negocio familiar; y su sueño se hizo realidad, ya que a lo largo de su carrera su familia ha participado de forma activa en sus producciones musicales, de manera especial su hijo Ramón Orlando.
1. Su primera tambora
Hice mi propia tambora con una lata de mantequilla, yo tenía unos siete años. Para ese tiempo había una fábrica que se llamaba Cemento Colón, y yo utilizaba esa funda de cemento, que era bastante resistente, y se la ponía de cuero a la lata, y usaba unos palitos para tocar; pero cuando las manos me crecieron tuve que buscar otro tipo de lata. La cuestión es que a los diez años ya era un tamborero. Recuerdo que viviendo todavía en Manoguayabo se enfermó Luis Pérez, un señor que tocaba la tambora en un grupo de música, que era un sexteto; entonces, me buscaron a mí para que la tocara. Yo me había hecho famoso tocando la tamborita de lata que me había inventado y haciendo fiestas de niños. Me buscaron para que tocara con ellos, pero yo ni siquiera tenía zapatos, aunque esa era casi la costumbre de esa comunidad, la gente casi siempre andaba descalza, pero para sus fiestas sí se ponían zapatos… pero yo un muchachito, hijo de una de las familias más pobres de San Miguel, no tenía zapatos para ponerme. A mí eso me daba pena estar descalzo, y cuando tocaba siempre buscaba la forma de ocultar los pies”.
2. Hacía todo en la casa
Mi papá era loco conmigo, él me llamaba “Pupito”. Éramos nueve hermanos, pero cinco de ellos se habían ido de la casa, quedamos cuatro. Apenas fui a la escuela, me alfabeticé cuando era adulto. Cuando era más grandecito quedé prácticamente como el ama de casa, mi papá me tenía a mí para que cocinara, buscara agua, leña, atendiera los animales, porque siempre he sido cumplidor de mis obligaciones. Papá era un hombre áspero, pero de respeto. Una vez, como muchacho al fin, tenía 12 años, le hice una desobediencia. Yo tenía que ir a la bodega a buscar unos plátanos para la comida, en ese tiempo se usaba coger fiao, ese día no sé qué me pasó y no los fui a buscar. Cuando mi papá llegó no encontró nada de comer y se enojó conmigo. Cuando me preguntó por qué su comida no estaba, de atrevido, le contesté: “aquí somos cuatro personas, tengo yo que hacerlo todo”, y mi papá me contestó: “mira muchacho, cualquiera los deja morir de hambre”, y le contesté que yo tenía trabajo para no dejarme morir de hambre, y cuando mi papá escuchó lo que le dije me cayó atrás y tuve que salir corriendo. Se lo conté a un señor que se llamaba Neno Blanco, que tenía unos hijos en Manoguayabo, le dije que me había ido de la casa porque le había faltado el respeto a mi papá; entonces, vine con él a la capital, con una camisa, un pantalón y mis pies descalzo, él montado en su caballo, yo a pie. Llegamos a las ocho de la mañana a la avenida Santomé con avenida Mella, ese día fue el 2 de noviembre de 1952”.
3. Trabajo en la capital
En la capital, Neno habló con un hombre que vivía en la avenida Mella y le dijo que me había traído para que trabajara con él, en una carretilla de esas donde se pelaban naranjas, que la tenía en la calle Altagracia esquina Salcedo. Ahí dure unos 12 días, dormía en un Zaguán encima de un serón. Allí había una mujer que vendía café, ella abría la puerta a las cuatro de la madrugada; entonces a esa hora tenía que levantarme. Luego, un amigo me consiguió un trabajo en una casa de familia, en Gazcue, ganando seis pesos, pero no me importaba porque en esa casa tenía comida, agua para bañarme y estaba cómodo. Después, me fui a trabajar a otra casa de familia en la avenida Independencia esquina Dr. Delgado, donde me pagaban un poco más; allí me hice un hombrecito. Luego, fui a buscar a mi hermano Martín a Manoguayabo, él se había sacado una guitarra y con él aprendí a tocarla. A nosotros nos contrataban para dar serenatas, tocábamos bolero, bachata de Los Panchos, del Trío Vegabajeño, y así seguimos hasta que llegó de Cuba el sonido del grupo Los Compadres, tocando son. Cuando los escuché eso me volvió loco, y le dije a Martín que se olvidara de los boleros que no íbamos a tocar más esa música. Mi hermano me decía que esa música era muy enredada, y le dije que no, que aquí nadie la tocaba. Entonces, hice formal la agrupación, alrededor de siete meses ya estábamos paralizando el mundo, porque esa era la música que se escuchaba por todos lados y nosotros hicimos una copia igualita de ella; así inició Los Ahijados”.
4. Primer disco
Antes no se grababa, solamente se vendían discos de fuera. Fui a la Guarachita, me metían cuentos; a Musicalia, donde Bartolo, y no se grababa. Entonces fui donde Atalah Blandino, le dije que tenía la necesidad de hacer una grabación porque veía el éxito que teníamos, y me dijo que había una estación de radio que se llamaba HIZ que tenía un cuarto pequeño de grabar, que ahí me lo arreglaban. Le pregunté que más o menos en cuánto salía hacer un disco, y me dijo que con 60 pesos. Como Dios me ayudó conseguí un bajista y un bongosero, ahí duramos la noche entera, grabamos dos temas, y cuando salimos nos igualamos a Los Compadres, eso fue en 1958”.
5. Cerca de la muerte
Me pasó un caso, donde 60 pesos me salvaron. Una noche andaba medio enamorado por el Parque Independencia, andaba con un radito escuchando el juego de pelota, Martín y yo, que siempre andábamos juntos. Habíamos dejado dos muchachas y estábamos tratando de conseguir guagua, cuando vinieron unos tipos en un motor a eso de las once de la noche y nos mandaron a parar, nos preguntaron por el radio, le contesté que era mío, que estaba escuchando el juego. Me dicen que era tarde para andar con ese radio, le contesté que soy un ciudadano con derecho a andar por mi país a la hora que me diera la gana y por donde me diera la gana. Entonces, me llamó malcriado, le contesté que malcriado era él, entonces sacó un revólver. Esa noche no nos mataron a Martín y a mí, porque les dije que nosotros éramos Los Ahijados, en ese entonces éramos venerados por el país. Cuando su compañero oyó que dije que éramos Los Ahijados, se metió en el medio, por eso ese hombre no nos asesinó”.
6. En la cárcel
Esos señores nos acusaron de rebelión contra la justicia, llamaron a la policía, nos llevaron al Palacio de Justicia, allí tuvimos que despojarnos de la correa, vaciarnos los bolsillos. Yo andaba con 60 pesos suerte a Dios. Nos metieron a una celda junto a delincuentes, ladrones, nunca había estado preso, es muy duro es estar en la cárcel sin hacer nada. A las nueve de la mañana del día siguiente, sacaron a los presos para llevarlos de juzgados en juzgado, a nosotros nos llevaron al Palacio de la Policía, pero primero nos llevaron a recoger lo que nos habían quitado, los 60 pesos estaban ahí pero el teniente que andaba con nosotros sabía que tenía ese dinero, yo temblaba de miedo. Cuando íbamos llegando al Palacio me dijo: “ señor Valoy, por lo que veo en su expediente a ustedes los van a dejar presos, usted puede buscarse un abogado”, le dije que lo único que tenía eran 60 pesos, y me dijo descaradamente que con eso podía resolver el problema, que allí me prepararían un juzgado. Entonces buscaron un juez, un fiscal, un abogado, nos llevaron a la tercera cámara del Palacio de Justicia, y como a los 20 minutos nos dejaron en libertad, nos descargaron por falta de prueba. Ellos lo que quería eran los 60 pesos. Al otro día, en ese mismo lugar, los tipos del motor mataron a dos hombres”.
7. Su hijo Ramón
Cuando Martín y yo formamos la agrupación de Los Ahijados ensayábamos todos los días; Ramón, ya había nacido, y le daba una maraquita, y mientras iba escuchando a Los Ahijados cantar, él iba dominando más la maraquita. Siempre le decía a la gente que él iba a ser un buen músico. Como a los siete años lo puse en la escuela, pero primero lo alfabeticé en la lectura de la música no interpretada; aunque Ramón tocaba otros instrumentos esa no era mi idea, él tenía intenciones de tocar la batería, pero como en aquella época los padres éramos dominantes o mejor dicho los hijos obedientes, le dije que no me viniera con el cuento de que quería tocar la batería, le dije que él iba a tocar el piano, porque con ese instrumento se podría ganar la vida tocando en un restaurante para darles de comer a sus hijos. Ramón nunca estuvo en desacuerdo de nada de lo que le decía, lo puse en el Conservatorio Nacional de Música”.
8. Herencia al hijo
Ramón es la obediencia, la sabiduría que sale de mi sangre, él heredó mi don. Le dije que iba a tocar piano, y obedeció, le dije que tenía que estudiar, empezar con media hora, le dije cómo se tocaba y nunca más tuve que repetirle lo mismo. Cuando llegaba de la escuela se sentaba al piano, y a la semana tocaba mejor que yo, que hasta me acomplejó, porque él lo hacía mucho mejor. A los seis meses hizo un concierto, de ahí formamos el grupo de Los Virtuosos en 1975, Ramón tenía 16 años y le puse la responsabilidad de que dirigiera la banda. A veces uno escuchaba el piano sonando y nada más veía sus manos arriba tocando, porque su cuerpo estaba debajo, eso es más que un orgullo, ahí duramos 10 años”.
9. Experiencia
Yo perdí mi tiempo, uno viene a coger experiencia después que los años lo han vencido. Yo pude haber sido hasta presidente de la República, y como músico pude haber sido como un señor cubano que se llamaba Lino Frías. Yo pude haber sido ese pianista, que era el pianista del mejor grupo que ha parido el mundo que se llama Sonora Matancera. Entonces, así ha sido mi vida, de cambio, en cambio. Dios al nacer me dio un don, pude haber sido el mejor pianista, porque ese es el instrumento de mis desvelos, tuve un piano todo el tiempo y no me dediqué a él, incluso aprendí a leer la música en 1962, me gradué en la lectura de la música de piano, pero no de ejecutante”.
10. Exilio voluntario
La política me hizo salir del país, el peligro, los riesgos. No soy político, sólo que no me gustaban los abusos que se estaban cometiendo en los gobiernos de Balaguer, mis canciones eran de protestas en la revolución del 65 hace más de 50 años. Todavía en la televisión la gente llora con temas como “Maldito sea el Soldado”. Cuando me fui del país estábamos en gobiernos de Balaguer, por eso digo que si le quitamos el comienzo a la historia es quitarle los pies a un niño, son 82 años que tengo, más de 62 envuelto en la música. Aquí se habla de la corrupción y el primer corrupto fue Trujillo;claro, era un dictador, pero después el segundo más malo fue Balaguer”.
La muerte de su hija y sus nietos
“La muerte de mi hija y mis nietos fue un caso desgarrador. Eso fue, desgraciadamente, un accidente, no secuestro, lo malo de eso fue que no me di cuenta del viaje a tiempo. Cuando lo supe, le dije a Mercedes que cómo era posible que sacara a los niños de la escuela para coger a vacacionar para Santo Domingo, ella era muy afín conmigo, y me dijo: “ no papá, yo tengo los pasajes y quiero ir para allá”. Eso fue una de las tragedias más grandes que he vivido, perdí cinco seres queridos porque su marido también murió, eso no es fácil, es la cosa más dolorosa que he vivido.
En la vida hay momentos en los que uno se cae, todos nos hemos caído, pero, como sea, hay que levantarse, porque si uno no se levanta no va a poder contar que se ha caído. Cuántas veces yo me he caído, pero si me caigo una vez, me levanto dos, aunque vendrá el día en que ya no pueda, esa es la vida. Ahora, para mí estamos viviendo el tiempo del miedo, pero de un miedo global”.
Estirpe
Mi familia es lo más grande que tengo en la vida, es una familia muy grande, tuve 15 hijos, más algunos que les crié a las mujeres con las cuales llegué a compartir mi vida”.
Vergüenza
Cuando niño no tenía zapatos para ponerme, me daba pena estar descalzo y cuando tocaba el bongó siempre trataba de buscar la forma de ocultar los pies”.
Residencia
Resido en Pensilvania, vivo mi vida contento de todo el amor que he logrado obtener alrededor del mundo, allá comparto mi vida con mi esposa Ana, con la cual llevó unos 38 años de casado.
Estudios
Me inicié a muy temprana edad en la música, estudiando teoría musical en el Conservatorio Nacional de Música, lo que sería la base para mi carrera artística; allí aprendí a tocar el piano, el bajo y la guitarra.