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martes, 29 de mayo de 2018

▶️ Más Diana y menos Matute

A Anibelka Rosario que sugirió el título.,,, 
“MÁS PLATÓN Y MENOS PROZAC”.- En 1999, el profesor Lou Marinoff escribió un libro en el que proponía ayudar a los ciudadanos a enfrentar sus miedos y fobias, no con la terapia de los psicólogos ni los antidepresivos de la industria farmacéutica, sino a través de las enseñanzas de los grandes filósofos con Platón a la cabeza, con mucho de Epicteto y algo de Séneca.

El libro, que fue un best seller, no podía tener un título más acertado: “Más Platón y menos Prozac”. Pero he aquí que, 19 años después, alejados de Platón y del Prozac, es la hora, sino de reescribir el texto, por lo menos de parafrasear el título: “Más Diana Céspedes y menos Matute”, y es que, aunque lo ha hecho (incluso en un visita sorpresa el Presidente le aprobó un préstamo a la cooperativa), el santo gobierno debe promover mucho más a ciudadanos excepcionales como la muy señora Diana, marquesa de la dignidad y el decoro, emprendedora dama de fina estampa, de la alcurnia sagrada del esfuerzo y el abolengo bendito del trabajo duro, y ya me explico.
DIÁLOGO ENTRE REINAS.- Doña Diana Céspedes ha saltado a la fama iberoamericana por su ya pública amistad con doña Letizia, periodista en receso, esposa y madre de los hijos del rey de España o sea que hablamos de la señora doña Reina, pero que no proviene de la monarquía sino de las redacciones de los diarios, la TV y del barrio. Estas dos reinas, Diana y Letizia, se conocieron en Madrid cuando la fundación BBV invitó a un grupo de mujeres cooperativistas a presentar sus proyectos. Fue amor a primera vista. Este fue el diálogo primero: –o estés nerviosa, Diana, somos iguales, yo tampoco soy de la monarquía estoy aquí por mi esposo que es rey. –Ah, muchas gracias, Letizia, pero mira, cuando vayas a Santo Domingo tienes que ir a visitarnos a Azua, a mi comunidad. -Te lo prometo, Diana. Y Letizia vino al país y cumplió su promesa. Por cierto, lo mejor de esta visita fue que el país se enteró de que existe una Diana Céspedes allí en Azua, madre y esposa, vivo ejemplo de lo que es ser una ciudadana con iniciativas, ovarios fuertes, con ese natural atreverse a romper barreras, que Dios se lo bendiga y la María Magdalena se lo aumente, amén. Lo de Diana es el trabajo. De pedir, no pide nada, salvo la oportunidad de poder trabajar, crecer, avanzar, y además trabajar. Todo un ejemplo digno de una clonación si se pudiera. Y es que son las ciudadanas como Diana las que HACEN y CONSTRUYEN un país, y de paso inspiran a los otros.
ELECCIONES VS. PATRIA. - El gobierno debería preocuparse más por promover a las Dianas nacionales (a muchas el Presidente Medina las ha conocido gracias sus visitas sorpresa) y olvidarse de fomentar la figura del “tiguerebimbín”, que se las sabe todas, el de la osada picaresca que, temerario, se lanza a la jeepeta del jefe de Estado, “juyendo” le pasa un papelito pidiéndole electrodomésticos, y 24 horas después se entera el país de que esa misma noche, el Plan Social de la Presidencia había peinado la zona de la Josefa Brea donde vive el personaje Jorge Alberto Fabio Gómez, Matute, para entregarle regalos, tantos, que algunos él ni había pedido. La temeridad de Matute sobre el ejemplo de Diana. (Ay, que con los Matute se podrán ganar elecciones, pero con Diana se construye una patria y se acaricia el futuro).
CIUDADANOS VS. CONSUMIDORES. - Por cierto, tuvo que ser Frei Betto el que lo advirtiera a los gobiernos progresistas de América Latina. Todos ellos en sus administraciones disminuyeron la pobreza como nadie y aumentaron los servicios sociales a los más pobres como nunca, pero cometieron el mayor de los errores, peores errores que los de Loris Karius, el portero del Liverpool. Y es que, en sus gestiones de gobierno, a pesar de su vocación social y solidaria, olvidaron lo principal que no es otra cosa que la creación -no de consumidores- sino de ciudadanos responsables y consientes de la lucha ideológica, política y mediática que libraban esos gobiernos liberales y progresistas por y para mejorar sus vidas y aumentar sus oportunidades. Pero no eran ciudadanos, eran consumidores. Por eso, llegada la crisis, siempre azuzada por la propaganda de los enemigos, entró el mar. Por eso, el consejo gratuito de este escribidor al gobierno central y sus asesores: Lo del relato del señor osado no estuvo del todo mal, pero cuidado que, así como los depresivos del libro de Marinoff necesitan más Platón y menos Prozac, así esta sociedad necesita “más Diana y menos Matute”.
Por Pablo McKinney ;-
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