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lunes, marzo 19, 2018

Nacionalismo… ¿una vergüenza?

Quiero iniciar este artículo con el significado del nacionalismo conforme al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Nacionalismo: Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación son su realidad y con su historia. Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a construirse como Estado.
Después de leer el significado de nacionalismo ¿se siente usted amigo lector ser nacionalista?  La pregunta y la respuesta a ella adquiere mucha trascendencia en nuestro país a raíz de una campaña de manipulación mediática de grupúsculos antinacionales y resentidos sociales que tratan abierta y subliminalmente de avergonzar al dominicano de ser nacionalista.

La campaña que debo admitir, no es sólo local sino también internacional, responde a un patrón globalista que ha pretendido desintegrar las naciones, borrar sus fronteras, sus culturas y sus valores, para dar paso a un nuevo orden mundial en el que la Patria y los sentimientos que han unido a los individuos desde tiempos inmemoriales con sus respectivos países, sean diluidos, todo, para ponerlos al servicio de un cada vez más reducido grupo de multimillonarios que concentran el 90% de la riqueza del globo terráqueo.
Los sirvientes del patio de esos intereses, en un matrimonio estrambótico con izquierdistas trasnochados y autodenominados líderes de opinión, han pretendido insuflarle al pueblo dominicano la falsa versión de que el nacionalismo dominicano es sinónimo de “odio” y “xenofobia” contra los haitianos; “atraso”, “ultra derechismo” propio de la época de las cavernas. ¿Por qué quieren que el dominicano se avergüence de ser nacionalista? Porque lo que se pretende es inhibir al ciudadano sensato para que no se atreva a defender a su patria y externar libremente sus ideas frente a la creciente y masiva invasión de ilegales haitianos por temor a ser apostrofado o reprimido bajo una de las denominaciones o epítetos que acabamos de enumerar.
Afortunadamente el control mediático que tuvieron estos “grupúsculos” y su influencia, a través de medios de comunicación, ha ido decreciendo vertiginosamente en la medida de que las redes sociales han democratizados el acceso a la información y a los análisis, rompiendo el monopolio mediático de otros tiempos. La presión popular de los dominicanos ante la invasión haitiana tiene cercado a los grupúsculos antinacionales, que son en los hechos, simples peones de la fusión. Cada día más sectores y personalidades están asumiendo posiciones públicas claras y definidas sobre el tema haitiano, como uno de los problemas fundamentales del país, incluyendo líderes empresariales y profesionales y gente que no está acostumbrada a participar en el debate público.
El nacionalismo dominicano no propone odiar a nadie, ni perseguir, ni discriminar por color de piel o raza y mucho menos incitar a la violencia contra los haitianos. El nacionalismo dominicano está lleno de  amor a su país, a la patria de Duarte, a sus costumbres, a su territorio, a sus valles y campos, a su religión y obviamente al supremo bienestar de los dominicanos en sus empleos, en su salud, en su educación.
Los acontecimientos de Pedernales no debieron ocurrir nunca si la Ley se cumpliera, si hubiera un control fronterizo estricto, si los crímenes y delitos cometidos por ilegales haitianos no estuvieran rodeados por el manto de la impunidad mas detestable, como lo fue el asesinato de dos ejemplares ciudadanos, esposos, cuyos asesinos están hoy protegidos por las autoridades haitianas que se niegan a entregarlos para ser juzgados en nuestro país.
El nacionalismo dominicano quiere orden en la frontera, quiere el muro, quiere dominicanizar la mano de obra, quiere que las emisoras que se escuchen en esa apartada región, sean dominicanas; que cuando marquen el teléfono no le salga que están en Haití, como está ocurriendo con total impunidad. El nacionalismo dominicano quiere que las camas de  sus maternidades y hospitales estén ocupadas mayoritariamente por dominicanos. Ese nacionalismo no tiene de nada de qué arrepentirse y mucho menos de qué avergonzarse.
Ese nacionalismo no está ni podrá estar nunca ligado al recuerdo de Trujillo; de su asesinismo y brutalidad. Es un nacionalismo cívico, idealista y firme, inspirado en Duarte, Sánchez y Mella y los demás héroes de nuestra gloriosa guerra de independencia.
¡Viva el nacionalismo dominicano! ¡Viva la República Dominicana! ¡Atrás los grupúsculos antinacionales! Que sepan qua “ya la pava no pone donde ponía”, que el pueblo dominicano cada día que pasa esta tomando más conciencia del peligro que para su supervivencia significa la falta de control en la frontera y la invasión masiva y pacifica de Haití sobre RD.
Por Vinicio Castillo Semán ;-
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