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martes, 27 de febrero de 2018

El discurso

Ante la realidad del país presidencialista que todavía tenemos, es costumbre que las expectativas de la gente que sigue el devenir político y la problemática social estén centradas en lo que pueda decir hoy el jefe de Estado en su discurso de rendición de cuentas de la gestión de 2017 en el Congreso Nacional.
Por simple morbo o por inquietud ciudadana sincera, lo cierto es que para estas fechas un sector importante de la población –comenzando por la oposición política y los grupos de presión social– no solo espera con atención y curiosidad las palabras del gobernante de turno, sino que muchos hasta quisieran imponerle la agenda y priorizarle determinados temas, aun cuando las pretensiones desborden la responsabilidad institucional consignada en el artículo 128 de la Constitución, que es de simple rendición de cuentas de la gestión del año que recién termina a las cámaras legislativas. El librito obliga a depositar las memorias de cada año para que los legisladores las revisen, pero no hace indispensable que el gobernante enumere las ejecutorias o realizaciones de su obra. Claro que, por interés institucional o por conveniencias políticas, lo habitual es que el jefe del Ejecutivo aproveche el escenario a discrecionalidad, ya no solo para hablar de lo que ha hecho, sino también para adelantar proyectos a futuro. Gobernantes como el doctor Balaguer, por ejemplo, depositaba las memorias y lo menos que hacía era hablar de ellas, pues aprovechaba el momento para sacarle capital político, marcando rutas, refi riendo eventuales peligros o haciéndole advertencias dramáticas a la oposición, para ponerla nerviosa o mantenerla a raya. Son otros tiempos (con todo espacio a la crítica y usos democráticos que a diario derivan en el irrespeto y el relajo de todo) y la gente pide y demanda, incluso hasta lo que no se puede. Y en ese demandar cualquier cosa –unos con responsabilidad y otros a la loca- hay ciudadanos bien intencionados que esperan que el presidente Danilo Medina se “sacuda”, que relance y reencauce su gobierno; y que el mismo, con sentido de la historia, se “empantalone” frente a determinados temas sensibles que tienen a amplios sectores de la nación en ascuas, muy preocupados, como el de la penetración masiva e incontrolada (¿) de ilegales haitianos.
“¡Manos a la obra!”.
 Por Luis Encarnación Pimentel ;-
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