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miércoles, febrero 28, 2018

Aristas del discurso

Los discursos que cada año pronuncia el Presidente de la República de turno ante la reunión conjunta de las Cámaras Legislativas, concitan las más variadas expectativas, especulaciones y discusiones. Unos a favor, otros en contra. No pocos con aires de indiferencia, pero todos con opiniones sobre su contenido: debió decir más, debió hablar de esto o aquello, porqué no se refirió a tal o cual tema y, la generalidad, tienen sus interpretaciones sobre los ‘meta-mensajes’ que nadie duda tenga cada planteamiento, cada frase, cada gesto.
Se repetía este martes, en la generalidad de los paneles de televisión y radio, pre y pos discurso, a ‘comentaristas independientes’, ‘comunicadores’, periodistas y profesionales, más que analizar los conceptos del discurso presidencial, usar esos escenarios para rabiar sus frustraciones. Fueron penosas las declaraciones de legisladores y dirigentes políticos repetir la muletilla manida de que el discurso ‘no llenó las expectativas’ o ‘fue más de lo mismo’, de un lado, mientras de otro se oían loas lambisconas obligadas como pago al cargo y/o posición política oficialista que ocupan. El discurso presidencial lo veo en lo que significa para la realidad de la nación.
La nación vive un estado de estabilidad política, económica y social. Con altas y bajas, logros y tropezones, dificultades y luchas cotidianas, pero creo que vamos avanzando y superando retos. No me cabe dudas.
El discurso fue lo que debía, un informe presidencial de los logros del año anterior, como dice la Constitución, y las perspectivas del Gobierno para el año en curso y, por lo tanto, cargado de logros que nadie puede negar, aunque lo pretenda, y del optimismo necesario para lograr su éxito. Imposible negar los avances en materia de educación y los esfuerzos que se hace en el sector salud, pese a las inconductas de los gremios -ADP y CMD- que han tratado de torpedear esos esfuerzos y todo porque se procura poner ‘la casa en orden’.
Se lucha contra la corrupción con casos abiertos en los tribunales, pese a las pretensiones de desaforados e impenitentes díscolos enquistados en partidos, movimientos y estamentos mediáticos, que a diario pretenden asesinar moralmente a sus contrarios. El fortalecimiento y la estabilidad del sistema financiero, público y privado, se ha logrado pese a la aplicación de políticas puntuales y precisas y pese a los augurios de ‘economistas’ y ‘especialistas’ que por años presagian el apocalipsis.
Los temas de la migración -caso específico el de los haitianos y la polémica frontera- de la seguridad pública, el desorden del transporte  son de los desafíos que tenemos que vencer, pero sobre los que el Gobierno no tiene los brazos cruzados, aunque los esfuerzos y las políticas que se aplican no sean de la complacencia de algunos. Hay mucho por delante, pero no es menos cierto que hay una sociedad con voluntad y dispuesta a vencer los obstáculos, por lo que hay que seguir echando el pleito.
Por Ruddy L. González ;-
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