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martes, 21 de noviembre de 2017

Verdismo pierde escenario

El movimiento cívico denominado como “marcha verde” parece no acertar con el papel de organización de rigor cívico para el reclamo social, y de pura sensatez democrática, que le corresponde. Solo impera el pensamiento único. Una dama intenta hablar a favor del Gobierno y le arrebatan el micrófono. Falta de ejemplaridad democrática. El consenso es unidireccional. En el trayecto recorrido por estos marchadores ha habido de todo. 
De lo sublime a lo ridículo; sarcasmo, irreverencia...  Dicen, provocadoramente que someterán a la justicia al presidente Danilo Medina, y al mismo tiempo adjuran de la propia institución del Estado que administra el proceso.  Un día dicen una cosa y al otro día también que, por ejemplo, hay que borrar de un plumazo todas las instituciones del Estado forzando a que tengamos que entender que se trata de gente totalmente despistadas, o antisistema y anarquista la que mueve los hilos de la desconexión.  Es una actitud de venganza política como debemos interpretar el comportamiento del abajismo rabioso que monta este teatro social ya no con la virulencia epopéyica de otros tiempos próximos pasados. Además del tigrismo político que siempre se ha distinguido por la anarquía y el desorden, han logrado sumar como lugartenientes a grupos de jóvenes y gente adulta que actúan como pobres engañados pertenecientes a una generación de irreverentes, urbanos y digitales.
En el camino se han mezclado colores imposibles: rojo, verde, blanco, azul, amarilloÖ toda una amalgama dirigida a tratar con mordaz intención de desacreditar aún más las instituciones. Hace apenas unas semanas, como dijimos precedentemente, mostraron su desmesura.  Para lucir su extravagante intención y potencia, sus músculos intelectuales plantearon la voladura total de las instituciones, y como esa locura no ganó más que un titular de periódico propio de ópera bufa, para probar más su audacia anunciaron que expedientarían al Presidente de la República a sabiendas de que lo dicen para que se interprete como mofa, como denuncia política propia para la risa más que para la corrección.  Presentada la ocurrencia en esos términos sabe uno que ningún juicio penal prosperará porque solo tiende a interpretarse como una simple vendetta política. Y lo digo así porque no han ido al fondo de la cuestión, algo que es específico de nuestro país el denuncismo tremendista e irresponsable, siendo de su conocimiento el control holgado de los organismos del Estado (Procuraduría, Congreso, etc.) que tiene el Presidente y su partido. Así que el maltrecho cuerpo de titiriteros que dirigen el movimiento de marchadores, y que han pretendido convertirlo en “marchas del miedo”; también los lanzaron como manada hambrienta a protestas domiciliarias evidenciando su manera definitoria de hacer su papel desde la zona oscura del escondite. La verdad que han ido perdiendo el escenario, no sólo por la postura de montarlo contra los “corruptos malos” mientras marchan con “corruptos y corruptores buenos”, sino el mínimo decoro que se exige para sostenerlo. Han adoptado posiciones típicamente fundamentalistas, y ahí, a su vera en forma oportunista medran políticos de dudosa conducta cívica.  Todos en una bolsa de odios y fracasos que le conduce a una deslealtad con la República, pues su agenda no incluye el aluvión migratorio haitiano donde el Gobierno sí arrastra culpas y faltas de deberes.
Por Manuel Fermín ;-