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miércoles, 15 de noviembre de 2017

Vendetta contra Roberto

Roberto Rosario, con virtudes y defectos, fue un gran ejecutivo de la Junta Central Electoral, un gran funcionario de la nación.
 Tenía que ser un hombre rígido, decisivo y decidido para poder organizar y dirigir con éxito unos comicios cada vez más complejos y competitivos como los celebrados en los últimos procesos en que hemos escogido Presidente y Vice, legisladores y autoridades municipales.
Las elecciones de las autoridades del país se complica cada vez más. Hasta los años ’80 los comicios se concentraban, principalmente, en la escogencia del Presidente y Vice. Hoy la lucha por los puestos en el Senado y la Cámara de Diputados y en especial en los ayuntamientos, se ha convertido en una gran competencia nacional más dura y compleja.
 Roberto Rosario fue un gran ejecutivo de la Junta porque no solo cumplió el compromiso de electoral, sino que jugó el rol de principalía en el conflictivo tema del proceso de documentación y reconocimiento del status de millares de inmigrantes, la gran mayoría indocumentados y/o en condición de ilegales, dando cumplimiento a la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional.
 El cumplimiento de su deber sobre el status de los indocumentados, en especial el espinoso tema de los haitianos, le gano a Roberto Rosario serios choques con sectores de poder, como la Embajada de Estados Unidos, y/o de una claque mediática, como mucha incidencia en importantes medios de comunicación, quienes pretendían que se legalizaran, incluso que se les diera la nacionalidad dominicana, a millares de extranjeros que viven en el país sin un status legal y/o a millares que nacieron en el país, hijo de extranjeros en condiciones de ilegales.
Esta posición tajante le costó lo que algunos consideran una ignominia: la cancelación del visado a Estados Unidos, lo que fue hecho en medio de una acción de espectáculo sin precedentes, contra un funcionario de esa categoría.  Hoy, fuera de la Junta, los demonios se arremolinan en torno a un complot, una vendetta, en que participan sus enemigos públicos, incluidos algunos que se presentan como ‘amigos’ y hasta ‘correligionarios’, por profesión o simpatías políticas, y su objetivo es destruirlo, aniquilarlo, hacerlo un guiñapo.  Los que conocen a Roberto Rosario saben que no se quedará de brazos cruzados para ser sacrificado. Los que no lo conocen, estoy seguro, tendrán un ‘hueso duro de roer’.
Por Ruddy L. González ;-