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sábado, 25 de noviembre de 2017

La trampa artera de los feminicidas

Un denominador común que tienen muchos de los feminicidios ocurridos en el país es el diálogo o acercamiento aparentemente inofensivo que media entre el asesino y la mujer.
El feminicida se acerca a la mujer, en su domicilio o en su trabajo, supuestamente para conversar amistosamente o discutir un arreglo o reconciliación. Y en el momento más inesperado, ejerce violencia contra ella, le clava un puñal, le pega un tiro o la estrangula, y huye.
Otros se autoeliminan después de cometer el hecho, en algunos casos dejando una estela de muerte cuando también eliminan a sus hijos, a parientes o amistades que se encontraban en la escena en esos momentos.
Las mujeres deben estar más prevenidas y alertas cuando sus parejas o exparejas, alejadas de los domicilios, se acercan como unos corderitos mansos dizque a dialogar o buscar un entendimiento.
Ese detalle ha estado presente en muchos de los crímenes que se perpetran, a pesar de que en varios casos existen prohibiciones expresas del ministerio público para que esos hombres se aproximen a las casas de las mujeres.
Es decir, que la mujer puede caer en la trampa artera de suponerle alguna actitud inofensiva o amistosa al hombre que ha abusado de ella, física o verbalmente, y por cuya causa se separaron, cuando en realidad se trata de una celada macabra.
Otro error mortal, tan común como este, es renunciar a la querella o solicitar que le quiten a la pareja o expareja separada la medida de coerción para su alejamiento, doblegada por una necesidad económica para su sustentación.
En este día que el mundo dedica a promover la no violencia contra la mujer, es conturbador que la intención, los esfuerzos y las políticas para reducir los feminicidios no hayan dado los resultados esperados, porque la causa fundamental radica en la prepotencia de una cultura machista que ha resultado difícil desmantelar, penosamente.
Tomado del editorial de
La trampa artera de los feminicidas
la fecha