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jueves, 16 de noviembre de 2017

La comisión y la ley

EL PROCEDIMIENTO.- Si la comisión bicameral que estudia la Ley de Partidos hubiera rendido su informe, como era su mandato, la pieza andaría por mejores caminos. Lo de buscar consenso no se le puede criticar, pero sí ponerse a esperar que el liderazgo mayor del PLD encontrara una fórmula ideal para las primarias. Debió considerar la situación como el cuento de Ramón y María: problema mío, problema tuyo, y ser ella misma, la comisión, la que impusiera la salida. Cada lugar es cada lugar, y cada tiempo, cada tiempo.
El informe en manos del pleno hubiera obligado a una solución. O se aprobaba, o se rechazaba, o tomaba sus decisiones a partir de cero. ¿Dónde dice la Constitución, o las leyes, o los reglamentos, que había que visitar los partidos y tratar con sus dirigentes los pormenores de la legislación? ¿O consultar el parecer del presidente de la República? De hacerlo como se hizo, no debieron ser más que opiniones, tan válidas como las que escuchó en las vistas públicas. Un espectro más diverso --y tal vez más representativo-- que el meramente político. Por ideas, sugerencias, aportes, la comisión nunca pudo haber fracasado…
SABEN CÓMO.- El alto empresariado que urge la aprobación de la Ley de Partidos sabe cómo se aprueban las leyes en el país. Podría, si quisiera, ayudar a los legisladores a lograr ese cometido, del mismo modo que cuando el proyecto en juego era de su interés. Hubo cambio en la dirección, pero igual parece que en el discurso, y lo que antes eran diligencias, ahora se quedan en exhortación. Cuando los capitanes de industria se involucraron en el proceso político, sus preocupaciones pintaban legítimas.
Tenían a la vista las elecciones del 2020. Creían que la situación del 2016 no debía repetirse y que hechos parecidos provocarían consecuencias lamentables. Era conveniente renovar las llamadas altas cortes, entre las que se incluía a la Junta Central Electoral, y mejorar legislaciones claves como la de Partidos y Electoral. Se fue cumpliendo la agenda, no de la mejor manera, pero hubo Junta, Cámara de Cuentas, Tribunal Superior Electoral y llenaron vacantes de la Suprema Corte de Justicia. Hubo resabios políticos menores, pero los hombres de empresa dieron visto bueno a lo acontecido. Faltan las leyes, se necesitan las leyes, pero todos –políticos y empresarios– olvidaron cómo se resolvió el problema de las entidades…
TAREA A MEDIAS.- Luis Abinader propone que la Ley de Partidos vuelva a la comisión bicameral que la estudiaba, considerándola una instancia adecuada, y que después que termine se faje con la Electoral. Lo cierto es que la Ley de Partidos nunca se fue de las manos de la comisión bicameral, nadie le quitó esa atribución, fue ella que se declaró impotente, y cuando quiera, o se sienta en condiciones, puede reasumir el trabajo. Lo cierto –también-- es que la comisión bicameral, al no hallar qué hacer con la Ley de Partidos, se ocupó de la Electoral. Nadie sabe por dónde anda esa, pues en principio iba rápido, hablaba y después calló. No se conocen puntos o dificultades, pero se teme que igual deje la tarea por la mitad. La impresión es de que a la comisión bicameral es un muchacho o viejo de poco apetito, al que le sirven la comida, la sopetea y deja el plato a medias. Así siempre será famélico. ¿Qué hacer? Culpar al PLD no soluciona el problema, sino que lo agrava, pues este actúa como los charlatanes de feria. Dijo que consultaría a cinco especialistas en materia constitucional y ahora informa que serán siete. Antes hubiera sido un tres a dos, ahora un cuatro a tres, como si fuera un juego de pelota, ya que no debe olvidarse que en la experticia participarán extranjeros...
LAS CUOTAS.- Tampoco se puede urgir a la comisión bicameral que rinda los informes de los proyectos de Ley de Partidos y Electoral, si cada día aparecen nuevos elementos y cargan más sus espaldas. La demagogia de los hombres por un lado y la demanda de las mujeres por otro, obligó a un aumento en la cuota de participación del sector femenino. Las mujeres dieron el ejemplo y los jóvenes prontamente lo imitaron. La demagogia de nuevo al bate y le hace el juego a los jóvenes que en la ocasión se combinan y varones y hembras luchan por igual. Habrá cuota para las mujeres y habrá cuota para los jóvenes, y ambas deberán incluirse en las leyes en curso. En los puestos de dirección, en las posiciones electivas, y de seguro que igual en los cargos de gobierno. La situación luce interesante, y fascina tanta justicia distributiva en términos políticos. Porcentajes por aquí, porcentajes por allá. Ahora ¿será verdad tanta belleza? El papel lo aguanta todo, y con tantas leyes que no se cumplen, una más no daña. La pregunta pinta alevosa, pero posible. ¿No podría ocurrir con estos porcentajes en la boleta lo mismo que con los porcientos del Presupuesto? El 4 % a Educación tardó, aun cuando era una ley, y el 10 % de los ayuntamientos, como Daniel Santos, nunca ha visto a Linda…
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do