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sábado, 21 de octubre de 2017

Matando por tonterías

El otro día, un lavador de autobuses mató a otro en una disputa por 50 pesos, un episodio que engrosa la lista de muertes por tonterías que se registran en el país como un indicador del pobre valor que tiene la vida.
Hay gente que desenfunda rápido para sobar y disparar un arma de fuego contra alguien porque le causó un enojo o contratiempo en un cruce de calles, por un parqueo ajeno ocupado sin permiso, por una desabrida comida que la mujer le sirvió al marido, o por una simple burla.
Ocurre con frecuencia entre conductores de vehículos públicos que se disputan pasajeros, en bares y colmadones donde hay gentes pasadas de tragos y se van a los tiros con cualquiera, por tonterías, o en cualquier escenario en el que personas psicológicamente inestables, aburridas, malgeniosas o bravuconas, desfogan sus violentas reacciones.
Los casos más comunes son los de inmisericordes asaltantes o atracadores callejeros que no van lejos para descargar sus armas contra ciudadanos a los que no solo despojan de sus bienes, sino también de sus vidas, sin ninguna justificación.
A veces han matado solo porque las víctimas no tenían nada de valor que sustraerle.
Las tragedias por cobros de deudas de insignificantes montos se inscriben también dentro de las tantas muertes por tonterías dentro del prontuario delictivo del país.
Aun cuando las razones que provocan estos desafueros luzcan intrascendentes, no pueden festinarse como fenómenos aislados, sino como señales preocupantes de hasta donde el irrespeto por los valores y derechos de los seres humanos se van a pique en una sociedad llena de flaquezas institucionales.
No es esto una tontería como para que la vida se siga devaluando en nuestro país sin que la sociedad despierte, se estremezca de indignación y luche para defender, a capa y espada, el más sagrado de los derechos del ser humano.
Tomado del editorial de
Matando por tonterías de la fecha