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lunes, 31 de julio de 2017

…Como perrito chihuahua

Un amigo define como “síndrome del chihuahua” al autoengaño de algunos guapetones sobre su tamaño y posibilidades reales, haciendo un símil con el perrito pigmeo e hiperactivo que suele desafiar a los perros grandes ladrando con tal estridencia que resulta obvio el desconocimiento de su real dimensión y fortaleza física.
Es ese, exactamente, el síndrome más adecuado para diagnosticar a los dirigentes de la Marcha Verde cuando se les observa la manera arrogante y soberbia como se expresan en los medios de comunicación y en las redes sociales.
Credit: @Telenoticiasrd Piensan que en verdad la manifestación del domingo 16 de julio “es lo más grande que se ha visto en este país” en términos de manifestación política, y tienen el tupé de proclamar que, de ahora en adelante quien desee alcanzar algún objetivo político tendrá que hablar con ellos.
Semejante burrada es producto de la enajenación que les ha ocasionado el relativo éxito de las movilizaciones donde acuden centenares de personas acarreadas en autobuses desde todos los puntos del país… Lo que mejor demuestra lo alejado que están de la realidad es el contenido de los “manifi estos” leídos en las diferentes versiones y momentos del movimiento.
En sus inicios, ellos sólo pedían una investigacion sobre el caso Odebrecht y que los inculpados fuesen procesados y condenados, sin politiquería ni acusaciones alegres y falaces, que es el sentir de la enorme mayoría de los dominicanos.
Pero desde entonces han pasado a exigir abiertamente el sometimiento a la justicia del presidente Medina, sin presentar la más mínima prueba o indicios sobre alguna imputación contra el mandatario. Esa es una solicitud descabellada que luego se hizo extensiva a los expresidentes Leonel Fernández e Hipólito Mejía, y que refl eja el desconocimiento que se tiene de la actualidad y de la realidad política y social de la Republica Dominicana y cómo esta gente está bordeando la locura creyéndose en capacidad de alcanzar objetivos jurídicos, políticos y sociales absolutamente imposibles.
No tienen fuerza ni representación en el poder político, ni partidario, ni legal, pero piden que la sociedad dé un salto al vacío produciendo una ruptura del orden institucional. Algo que, salvo dos o tres descabezados, nadie en este país pretende.
En la República Dominicana no existen condiciones para una ruptura del orden constitucional y mucho menos impulsada por grupos sociales integrados mayoritariamente por ciudadanos de clase media con más resonancia mediática que popular y con cero posibilidad de sustituir el sistema de partidos. De alguna forma ellos han ido a las elecciones y nadie les ha hecho caso que no sea para rechazarlos en las urnas.
Una enorme mayoría de los dominicanos está inconforme, procura, desea y promueve mejorías en el sistema político y exige efi ciencia en la lucha contra la corrupción y el establecimiento de un régimen de consecuencias para quienes utilizan el Erario para enriquecerse.
Es un fenómeno hasta cierto punto natural porque en la medida en que las sociedades van madurando social y económicamente, la clase media ya no se conforma con estabilidad, paz y crecimiento, si no que además exige transparencia y adecentamiento de la función pública, y como no hemos llegado al punto en que el sistema resulte socialmente insostenible, nadie desea romper con el modelo si no de mejorarlo… … Pero la torpeza verde radica en no apreciar el mensaje y distorsionarlo confundiendo sus deseos con la realidad. Si tuvieran los pies en la tierra aprovecharían su indudable impacto mediático para pedir acciones alcanzables.
Los verdes debieron tener puestos sus ojos en las discusiones sobre la reforma electoral y estarían presionando para incluir controles en los tiempos de campañas y transparencia en los gastos… Y en cuanto al caso Odebrecht, exigir profundizar las investigaciones sobre los sobornos pagados, máxime porque hasta ellos se dieron cuenta --aunque necesitaron el voto disidente de la magistrada Miriam Germán--, que el expediente que encarta a catorce personas es demasiado fl ojo para conducir a condenas. Y en este país a nadie le pueden salir con que no habrá sanciones ya fue la propia constructora brasileña que se incriminó al admitir que pagó 92 millones de dólares en sobornos para obtener esas obras… … Pero la borrachera los tiene obnubilados.
Como el chihuahua ladrándole al fortachón del perro pitbull.
Por Oscar Medina ;-