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viernes, 19 de mayo de 2017

Las provocaciones

Entre los defectos y debilidades de los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana -que son muchas y están a la vista de todo el mundo-, no están la represión política ni la violación de las libertades públicas, fundamentales en un régimen de derechos. En lo atinente al presidente Danilo Medina, sus allegados más bien le critican su exceso de tolerancia frente a insultos y desconsideraciones contra él y su familia. Tal vez por eso entre los métodos de quienes buscan colocar la administración del presidente Danilo Medina contra la pared, la provocación se ha evidenciado como uno de los favoritos.
Se pretende forzar a las autoridades a que cometan exabruptos y luego -en un alarde mediático-, pregonar a los cuatro vientos que la represión es la respuesta oficial a los “reclamos populares”. En ese afán, las torpezas están a la orden del día, como quedó claro con el protagonismo cantinflesco de dos diputados que intentaron ingresar por las malas a la Procuraduría General de la República. Que un legislador quiera comunicarse con el procurador, al igual cualquier ciudadano común, está fuera de toda discusión. Pero la función pública obliga a un mínimo de respeto, a la observación de un protocolo, si se quiere. La cita previa es la manera civilizada de concretar una conversación, un intercambio de impresiones o, simplemente, pareceres. No se le puede pedir a un funcionario medianamente ocupado que cumpla sus tareas sin apegarse a la dictadura de la agenda. Porque de lo contrario, su rendimiento será muy pobre. En la misma ola provocadora se montó el grupo de estudiantes que bajo pretexto de cumplir obligaciones académicas se colaron hasta la oficina del procurador y montaron allí todo un espectáculo. Claro, se les olvidó que el escenario más apropiado para los shows está en los teatros.
... Cortejando la desgracia
Cortejando la desgracia con una conducta desaprensiva que ha merecido rechazo generalizado, esos grupos han llegado al colmo de pretender instalar campamentos frente a la Procuraduría, en violación a la seguridad habitual en un recinto que brega con cuestiones sensitivas y donde la autoridad pudo reaccionar en forma violenta. No ocurrió así por prudencia, sobre todo.
Y esa prudencia la ha ordenado personalmente el presidente Medina. De lo contrario, la fuerza pública habría actuado como suele hacerse en esos casos.  Porque incitar a la violencia no es un derecho. Tampoco colarse subrepticiamente en una oficina de alta seguridad e instalarse allí bajo el argumento de una pretendida lucha contra la corrupción. Las marchas verdes, de dudosa orfandad política, se han desarrollado sin cortapisas. Los medios de comunicación están cargados de los embistes de la oposición y los grupos sediciosos que presionan la salida del poder de Danilo Medina. Como a todas esas presiones se ha respondido como corresponde en una sociedad democrática, sobrevienen los intentos de provocar a las autoridades y soliviantar los ánimos.
...Carencia de argumentos
El terreno de los hechos no es el más adecuado para la lucha política: evidencia una carencia absoluta de argumentos y de apoyo. Lamentable que sean jóvenes emparentados con el futuro -a los que se les supone discernimiento-, quienes sirvan de carne de cañón. Con su actuación enlodan una causa en sí misma procedente, tal es la lucha contra la corrupción. La ilegalidad no conduce a la legalidad, como bien lo saben quiénes agazapados en las sombras y el silencio promueven la agitación y el desorden. Doblemente penoso es que haya legisladores, miembros de uno de los poderes del Estado, enrolados en el partido de la provocación... Tarea para Reinaldo Pared y Lucía Medina.
Por César Medina ;-
lobarnechea1@hotmail.com