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miércoles, 26 de abril de 2017

El líder del movimiento ¡En marcha! regresa a su ciudad natal y le indican que se marche

Emmanuel Macron y Marine Le Pen, rivales en el balotaje de las elecciones de Francia, visitan la ciudad de Amiens el mismo día y reciben acogidas contrarias. 
Este miércoles, el ganador de la primera vuelta electoral en Francia, Emmanuel Macron, ha viajado a Amiens —su ciudad natal— para reunirse con los trabajadores en huelga de una planta destinada al cierre y ha sido abucheado desde que ha aparecido.
Al llegar, el fundador del movimiento ¡En marcha! ha descubierto que su contrincante para el balotaje electoral, Marine Le Pen, se había adelantado y, además, había dimitido como líder del Frente Nacional con la intención de representar mejor los intereses de la clase obrera gala.
A Macron le ha resultado difícil dialogar con los operarios de la instalación de la firma estadounidense Whirlpool y otros vecinos que estaban congregados en el lugar, algunos de los cuales ha coreado "¡Marine presidenta!" incluso antes de escuchar sus palabras.
El que fue ministro de Economía de Francia ha admitido que no puede impedir que la multinacional deslocalice la planta y se marche a Polonia, como tiene programado. En su lugar, ha propuesto aumentar los recursos en formación profesional para las personas que necesiten un empleo.
El director de cine y activista político de izquierdas François Ruffin le ha reprochado que no se preocupara por el destino de esa factoría antes de los comicios y ha intentado persuadir al autoproclamado como socioliberal para que adopte su plan contra ese cierre, pero no lo ha conseguido.
Como respuesta, Macron ha asegurado que no considera posible dictar la voluntad política a los inversores porque, de lo contrario, "ninguna otra empresa invertiría en Francia". Al respecto, también ha desaconsejado cerrar las fronteras del país, una promesa "mentirosa" de Le Pen.
Durnte su visita a Amiens, la propia candidata de ultraderechechista había revelado que su rival no tenía la intención de reunirse con los huelguistas, sino que iba a hablar con varias personas de la Cámara de Comercio, un acto que definió como "un desprecio" por la gente trabajadora.