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viernes, 7 de abril de 2017

Diálogo en Venezuela

Una cadena de acontecimientos políticos que ha derivado en confrontaciones violentas en la que la sangre ha corrido con un lamentable saldo en pérdidas de vidas humanas, viene padeciendo, desde hace años, Venezuela.
El último episodio de esta cadena de confrontaciones fue la sentencia de la Corte Suprema que limitó los poderes de la Asamblea Nacional en respuesta a la decisión de este poder del Estado de desacatar una decisión judicial que ordenaba no juramentar a tres diputados que, de acuerdo con el órgano electoral, habían ganado las curules de forma irregular.
La Asamblea Nacional, dominada por la oposición, entendía que esos legisladores habían ganado en buena lid, por lo que decidió juramentarlos y comenzar a tomar decisiones con el voto de ellos, lo que provocó la reacción de la Corte Suprema que, amparándose en la Constitución y actuando como el órgano de mayor autoridad judicial, entendió que el desacato rompía el orden institucional, por lo que decidió, mediante la sentencia, restaurarlo. Los hechos demuestran una confrontación entre dos poderes del Estado. Es un acontecimiento parecido a otros en muchos de nuestros países, como en El Salvador, donde la Corte Suprema eliminó a ochenta y cuatro diputados suplentes y dejó sin efecto una serie de decisiones de la Asamblea Nacional. En el caso del país centroamericano la sociedad continental no se enteró; nada pasó, pero lo de Venezuela recorrió el mundo a través de los grandes medios corporativos que titulaban “Golpe de Estado”.
Además de esos grandes titulares, comenzaron a llover los editoriales, los artículos de fondo, los análisis “objetivos sobre el Golpe”; en fi n, toda una ensordecedora bulla que llegó a confundir a algunos “muy lúcidos”, e incluso arrastró a gobiernos que tomaron la decisión de llamar a sus embajadores a consulta. Armaron todo un “quilombo”, el que no vimos con el real golpe de Estado a Dilma Rousseff, o con la criminalización de la protesta social en Argentina, encarnada en la encarcelación de la diputada Milagro Salas, las decenas de periodistas asesinados en Honduras y la oleada de violaciones a los derechos humanos; o las docenas de activistas comunitarios ejecutados en Colombia después de los acuerdos de paz.
Desde la Copppal entendemos, siempre apegados a nuestra carta fundacional, que la situación por la que atraviesa Venezuela debe ser abordada desde espacios de diálogo que no vulneren la soberanía del país, que no rompan con el orden institucional y democrático que se han dado a través de la Constitución y las leyes; a través de los procesos electorales en donde la voluntad popular se haya expresado con claridad.
Por Manolo Pichardo ;-