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sábado, 29 de abril de 2017

Bocinas y poses

El reciente desliz verbal del ministro Carlos Amarante Baret, al aceptar la falta de privacidad de los ciudadanos en sus conversaciones telefónicas, solo es comparable - en términos de daños a la imagen y de costo político para el PLD y para el  gobierno que encabeza Danilo Medina- con las destempladas e innecesarias declaraciones del dirigente morado Felucho Jiménez hace un tiempo, en el sentido de que “todo el Comité Político del Partido estaba enterado” de las supuestas sobrevaluaciones de obras de Odebrecht en el país. Lo de “pinchar” teléfonos -a generales, a políticos de la oposición, a empresarios, a comunicadores y a distintas figuras importantes -son de las cosas que, aunque incorrectas, hacen todos los gobiernos, en todos los tiempos, pero que no se dicen ni se admiten públicamente.
Y no es cuestión de  hipocresía o de doble moral pública, sino de prácticas y de control elementales que ni las democracias más acabadas han podido todavía  desterrar o poner a tono con la ley y los derechos del individuo. En el caso de Jiménez, se piensa que habría incurrido en una incontinencia -o imprudencia-, calculada o bien pensada, no se sabe con qué fines. Lo del desliz o traspié de Amarante, que encuentra caldo de cultivo en una práctica o actitud de muchos  funcionarios de preferir para sus declaraciones los espacios y productores de televisión desafectos o de críticas más ácidas contra el gobierno y el partido oficial, tiene mucho que ver con una complacencia o preferencia mal entendida, hasta prueba en contrario. Hace poco planteamos que había mucha gente “agachada” ante el fuego cruzado contra Medina, el gobierno y el Partido, y que solo el ministro Peralta  generalmente era quien daba la cara o buscaba sacar las castañas del fuego. Aquí hay muchos medios con productores amigos del Presidente y del PLD, que no son “bocinas” -ni pagadas-, sino  gente mesurada y que se respeta, pero a esos no asisten  ni corresponden muchos funcionarios, que prefieren a los que les dan “cajeta” abierta, creyendo que los van a “neutralizar” o  que se van a “congraciar” con ellos... La experiencia y los resultados, frescos y de siempre, dicen otra cosa. Que conste que los funcionarios no tienen que ir a entrevistas “arregladas” o con productores complacientes para que se puedan proyectar las acciones y realizaciones oficiales. Con preferencias y exclusiones lo que se hace es perder oportunidades de promover la mejor imagen. Que conste, también, que hay “bocinas” y “bocinas”Ö del gobierno y de la oposición. Algunas de las primeras, pagadas (no todas), pero las otras -verde o no- dan “cajeta”, pero llenas de anuncios oficiales (¿).
Por Luis Encarnación Pimentel ;-