viernes, 11 de noviembre de 2016

¡Venció al mundo!

Sería injusto no admitir que mi amigo José Café vio desde Barcelona el triunfo de Donald Trump primero incluso que la mayoría de sus más enfebrecidos seguidores en los Estados Unidos... Proyectó sus posibilidades desde que inició la carrera por la nominación en el Partido Republicano.
José alertó sobre el fenómeno Trump antes que los analistas tradicionales lo dieran como un descarte del proceso y después que lo tildaran como “el loco que pretendía romper el establishment a partir de su miserable papel en la televisión basura” señalando que su único propósito era la figuración pública.
Pocos se atrevían hace un año a sugerir a Trump como posible alternativa electoral, menos aún después que comenzó a quedarse solo por bocaza, y hasta su jefe de campaña lo abandonó en medio de uno de los tantos vendavales que fue provocando en el camino y gracias a los cuales --de forma muy hábil--, fue convirtiéndose en el personaje más atractivo de la campaña.
José insistía machaconamente en que Trump podía ganar las elecciones porque la gente se estaba identificando con su discurso; que le estaba diciendo a los americanos lo que los americanos querían escuchar; que estaba rescatando sus viejos valores y sus tradiciones; que estaba conectando con la población rural; que su discurso estaba calando en la población más tradicional de los Estados Unidos...
... Y así ocurrió
Que el mundo esté hoy patas arriba por la victoria de Trump es producto de la imprevisión de los grupos de poder que dejaron escapar detalles que siempre estuvieron a la vista de todos en el proceso electoral. El propio José lo describe así:
“Trump fue elegido en contra de los deseos y del esfuerzos de un mundo unido apoyando a un país dividido. Los sorprendidos por lo que llaman una victoria histórica, insólita e increíble solo miraban hacia las encuestas y la percepción creada, nunca vieron una de sus concentraciones...
“... Donde quiera que Trump iba, sus simpatizantes y detractores ponían la ciudad patas arriba. Los primeros vitoreándolo y los segundos abucheándolo, y tirando zafacones de basura a las calles; todos los analistas coinciden en que nunca se había dado un movimiento político de esa magnitud en la historia de USA.
“El total nacional de votos obtenidos por Trump no supera por mucho a los recibidos por Hillary Clinton, pero sus efectos de arrastre son apoteósicos. Fue una avalancha que arrasó con todo. El Partido Republicano se queda con Washington en pleno --la Casa Blanca, el Senado y la Casa de Representantes--, y la mayoría de los gobernadores y demás cargos estatales”.
... Un gobierno vigoroso
Será el gobierno más fuerte que hayan tenido los republicanos en más de 150 años. Su último gobierno con mayoría en las dos cámaras del Congreso aconteció en el año 1845.
La cúpula del partido lo tenía como un impresentable y le hizo varios desplantes, pero ahora con esos resultados electorales no tiene con qué pagarle. Lo menos que puede hacer es apoyar sus propuestas de cambio y asegurarle la gobernabilidad.
La prensa lo ha recibido bien, Paul Ryan también y Wall Street mejor. Los mercados a futuro se asustaron anoche con bajas catastróficas, pero a la hora de la apertura en la mañana ya estaban en positivo. Han captado rápidamente las bondades de su plan económico.
Hasta ahora los expertos descubren lo efectivo que era su mensaje de campaña. Es el primer candidato presidencial en poner al descubierto las miserias del imperio y proponer soluciones obviando el acostumbrado discurso unificador..
¿... Y Hillary? Bueno, Hillary queda como la candidata más derrotada en la historia política de los Estados Unidos. Jamás ganó nada.... Puesto así, en futuro. Porque no tiene regreso.
Por César Medina ;-
lobarnechea1@hotmail.com