jueves, 15 de septiembre de 2016

Una jugada y el destino

CAMBIO DE ÁNIMO.-  Roberto Rosario podría verse en la situación de un jugador de otros tiempos un domingo por la mañana, con un número que gusta y un billetero que insiste. Tenía su horizonte claro, aunque no su destino al cumplirse el período para el que fue nombrado en la Junta Central Electoral. Sin embargo, poco a poco se fue haciendo a la idea de resignarse, y se vio revisando papeles, corrigiendo charlas, conferencias y discursos, y publicando libros. Contra la ingratitud humana no se puede, y más si se agrega la política.
Los partidos y candidatos de oposición no cesaron en acusarlo de la derrota de mayo, y como al dedo malo todo se le pega, difícilmente pasaría la prueba. En esa actitud de entrega estaba cuando le revocaron las visas personal y diplomática. Enriquillo era un indio manso, bautizado con nombre castellano, y le ofendieron a Mencía, su mujer y su vida. No le quedó de otra que alzarse en las lomas de Bahoruco, y no solo constituirse en personaje de la historia, sino en el principal protagonista de la primera novela dominicana. Manuel de Jesús Galván lo consagró para siempre...
LOS AMIGOS AMIGOS.- Roberto Rosario no es Enriquillo, ni cuenta con Manuel de Jesús Galván para que lo consagre en una novela, pero sí amigos de poder que aprueban que repita al frente de la Junta Central Electoral. Los senadores, por ejemplo, si los dejan en libertad votan por Rosario, y unos lo dicen sin empacho ni rubor y otros firman documentos que se darán a conocer en su momento. Sin embargo, esa es una decisión que no puede tomarse sin consultar o sin la anuencia de los dos líderes del PLD. El presidente del partido, Leonel Fernández, se reunió con representantes de la sociedad civil, y lo mismo se afirma del presidente de la República, Danilo Medina. Con Fernández fueron prudentes y solo hablaron de lo que ya se conoce: que las altas cortes sean integradas por ciudadanos probos, pero sin filiación política. Con Medina tomaron más confianza y las consideraciones fueron de orden más diverso. Aun cuando insistan en perfiles y no en nombres. La situación es interesante, pues se olvida que la ley señala las cualidades del candidato y del designado...
¿CLAVE O TRAMPA?- Nadie conoce el pensamiento íntimo de los promotores de estas iniciativas democráticas, pero esa insistencia en los perfiles de los integrantes de las altas cortes se hace sospechosa. Parece que es la clave, pero es la trampa. Con los perfiles se excluye y se incluye a determinadas personas, y ese es el quid del asunto. Por ejemplo, la condición de abogado. Los grupos de sociedad civil no quieren que ese sea un requisito sine qua non. Y ellos dicen que solo sugieren, que quieren ayudar en la parte técnica, pero en la pasada reunión, en la que se le permitió participar, hablaron de recursos de inconstitucionalidad que se instrumentarían si no se acepta su moción. Una espada que no es la de Damocles pende sobre la cabeza de la elección de los miembros de la Junta Central Electoral, de los cuales se dice que no tienen que ser especialistas en derecho, pues ya el organismo no tiene atribuciones contenciosas. Incluso, como ese punto no puede resolverse de un minuto a otro se le pidió a Reinaldo Pared, ya no como secretario general del PLD, sino presidente del Senado que reconsidere lo del plazo...
MAL ENTENDIDO.-  Y ahí viene la confusión. La sociedad civil y la oposición política creyeron entender que Reinaldo Pared dijo que el plazo del Senado no es un escollo insalvable. Que los sesenta días podrían burlarse. Y se diría: qué bien. No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre. Sin embargo, hay dos cosas. La primera, que Pared se rehusó a hablar de la Junta Central Electoral con la prensa, y alegó que ese asunto está en manos de una comisión, y esa comisión la encabeza el vicepresidente del Senado. ¿Cómo puede alterar el plazo si entiende que el trabajo de la comisión es un terreno vedado? La segunda, que la comisión lleva adelante su tarea según el tiempo acordado, y lo que es más importante: El Diálogo de Agripino no le es vinculante. Lo que se converse, lo que se pacte, es cosa de políticos y de partidos, y aunque el Senado es un órgano político, su función es legislativa. Una empalizada muy alta, y unas piernas muy cortas. El encuentro fue provechoso, dicen todos, pero en más de tres horas no avanzaron ni una yarda...
Por Orlando Gil ;-
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