viernes, 9 de septiembre de 2016

Los parapartidos

Aunque como concepto acumula ya años, la sociedad civil es uno de esos salientes de la sociedad contemporánea que ha cobrado precedencia con la extensión de la franquicia democrática...
De una u otra manera, las organizaciones no gubernamentales (oenegés) han logrado asentarse en ese terreno estrecho que forma parte del recorrido a cubrir por toda persona con autoridad pública antes de tomar decisiones.
Como tales, las oenegés se ocupan de los temas más diversos y casi siempre reproducen los intereses de quienes las controlan: una suerte de eco que nos devuelve voces a las que necesariamente pertenece un registro.
Podrán mantenerse al margen de los aparatos del Estado al estilo Gramsci, pero no así de las tantas fuerzas que se mueven en la sociedad moderna y a las que legítimamente responden, aunque se empeñen en ocultar la filiación y doblen como criaturas desprovistas de cordón umbilical.
.. “Dominican experience”
La experiencia dominicana con la sociedad civil ha sido muy mala. Cuando la campaña virulenta contra la soberanía nacional en materia migratoria, nos llevaron y trajeron por cuantos foros internacionales pudieron. Casi siempre sin reparar en las verdades evidentes de la tradicional relación entre la República Dominicana y Haití.
Más bien se ocuparon de aparcar lo que aún me resulta lacerante cuando lo pienso, y es el hecho de que en La Española se verifica la mayor desigualdad del mundo en el desarrollo relativo entre dos países limítrofes. Ni siquiera entre España y Marruecos la diferencia en el ingreso suma ocho veces. Ahí radica el problema, no en el invento del racismo, el odio histórico o insolidaridad.
La “sociedad civil” dominicana marchita su independencia cuando arrima fuerzas a los partidos políticos --que sí son parte del Estado y, por tanto, oficiales--, en su empeño natural al sentar reales en la oposición. Se mueven en una óptica diferente y la división de poderes les posibilita acceso al Poder Legislativo y los ayuntamientos, desde donde también gobiernan.
Oenegés Vs. Gobierno
La coalición con los partidos indispone completamente a las oenegés para su papel fundamental en los regímenes democráticos. Les roba margen de maniobra y efectividad para representar intereses válidos y, hasta cierto punto, ingresar en una conversación constructiva con las distintas instancias gubernamentales.
La inventiva dominicana siempre ha sido feraz, también feroz. A esas oenegés uncidas a los fervores y hervores de una oposición recién vapuleada en las urnas las han bautizado ya como para-partidos.
Se han apropiado de roles que no les corresponden. De hombres políticos, sus dirigentes han mutado en hombres partidistas, opositores para mayores señas. Claro, con las oenegés como escudos que, afortunadamente para quienes la fiebre no está en las sábanas, dejan al descubierto sus partes más vulnerables.
Curioso que quienes han hecho del respeto a las instituciones un reclamo de peso, destruyan la institucionalidad de sus oenegés al convertirlas en para-partidos, ahora pregoneras de miles males y de causas que más bien son desvaríos.
Porque en esa definición encajan los gritos de fraude electoral en países que reconocieron prontamente los resultados de mayo y que, además, aportaron con su delegación solemnidad a la jura del Presidente Medina. Quizás haya que hablar también de “para-partidismo”, y estemos en la antesala de la aparición de nuevos actores tocando a las puertas de la JCE en busca de reconocimiento.
¡Incluyan ahí el laborantismo del comunicador...!
Por César Medina ;-
lobarnechea1@hotmail.com