sábado, 16 de julio de 2016

¡… La constante histórica!

No es nada nuevo decir que Balaguer era capaz de anticiparse con mucho tiempo a los acontecimientos y que sin poseer el don de la adivinación proyectaba con singular certeza el devenir político en los escenarios que él mismo decoraba para la formidable escenografía electoral que montaba cada cuatro años.
Con Balaguer y su seguidilla de poder se daba la coordenada perfecta que replican el hambre y las ganas de comer: se reelegía porque nadie era capaz de relevarlo, y nadie lo relevaba porque se reelegía, un círculo vicioso similar al del perro dando vueltas en círculo detrás de su propio rabo… …
Pero Balaguer era así, y su juego le dio buenos resultados desde que entró al cerrado círculo de la política trujillista y fue ascendiendo peldaño a peldaño haciéndose el tonto con P y encumbrándose sobre los escombros que iban dejando los desechos de la dictadura esperando “que el mango goteara”.
Y 30 años después el mango goteó.
Nadie le sacó jamás una palabra cuando le hablaban de reelección hasta el momento ideal para anunciar otro sacrificio personal “porque a fin de cuentas, ¿si la patria llama…?” En ese rejuego semántico pasaron los 22 años de su largo mandato en las tres décadas transcurridas entre 1966 y 1996.
En privado se tiraba a muerto: “la patria no puede pedirle más sacrificios a un anciano que ya no puede ni con su alma…” Pero siempre ponía en relieve un lema proverbial: ¡Mientras Balaguer respire, que nadie aspire!
… Un mandato histórico
La reelección como figura para mantenerse en el poder es consustancial a la historia política dominicana.
Es evidente que el fenómeno desnaturaliza la esencia de la democracia en tanto coloca al Presidente reeleccionista en ventaja ostensible sobre otros candidatos y por eso en algunos países cobra vigencia la discusión sobre su impedimento constitucional.
Se considera que es ideal el modelo estadounidense de dos períodos consecutivos sin posibilidad de volver, pero hasta en los Estados Unidos se plantean alternativas para dejar atrás un sistema que impera desde hace 72 años tras la tercera reelección de Roosevelt en 1944.
En nuestra historia reciente hay sólo dos ejemplos de presidentes que no se han presentado a la repostulación, y ambos terminaron muy mal: Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco, el primero con un balazo en la sien disparado por él mismo; el segundo, condenado a 20 años de cárcel y apestado políticamente.
Ambos ejemplos son sintomáticos: siendo presidentes, la Constitución les permitía reelegirse y lo rehusaron. En el caso de Salvador, fue su mayor signo de lucidez como Presidente de la República.
El caso de Danilo…
En el caso de Danilo Medina hay que empezar a echarle el ojo al camino de una eventual segunda reelección. Él se pasa de sincero cuando dice en círculos íntimos que se va a su casa en 2020 cuales que sean las circunstancias, pero eso estaría por verse… “como cuando Balaguer lo decía y lo repetía para terminar siempre en la boleta colorá”.
Está claro que él no se lo ha propuesto, pero hasta los “analistas” de la oposición comienzan a darse cuenta que su forma y su estilo eleva cada día su popularidad y aceptación en los núcleos sociales mayoritarios… … Y eso avanza una constante histórica: ¿Quién que se haya podido quedar no se ha quedado?
Por César Medina ;-
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