lunes, 20 de junio de 2016

Venezuela y Obama

Cuando el Dr. Leonel Fernández me planteó acompañarlo a la República Bolivariana de Venezuela, como parte de la Misión Electoral de Unasur, para las elecciones del 6 de diciembre pasado, no dudé.A pesar de los pronósticos, el proceso electoral se produjo sin mayores consecuencias, reconociendo el partido de gobierno su derrota en la elección de los integrantes del Congreso.
En aquella fecha el Dr. Leonel Fernández acarició la posibilidad de iniciar un diálogo entre la oposición y el gobierno, idea que era compartida por los ex presidentes de España, José Luis Zapatero, y Martín Torrijos, de Panamá.
Efectivamente, cuando en febrero hubo de presentarse el informe final sobre las elecciones, le sugirió al presidente Nicolás Maduro la creación de dos comisiones, una para el tema económico y la otra para el diálogo político.
Para mí, constituía una oportunidad para comprobar si en Venezuela procede hacerse lo que ha hecho el PLD en el país. Se trata de que en el Grupo Teórico (creado y encabezado por el Prof. Bosch antes de fundar al PLD) se estableció como línea estratégica a seguir, formar las fuerzas productivas que provoquen un desarrollo sostenido.
Pretender instaurar un régimen socialista, era y es inviable. Esencialmente, porque sobre la base de formaciones económicas precapitalistas es improcedente. Ahí está la República Popular China, declarada socialista desde los años cuarenta, ha tenido que darse un modelo económico de capitalismo de Estado, e inversión de capital extranjero, para crear las fuerzas productivas que hagan posible el desarrollo sostenido.
Venezuela, gobernada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), quien sustenta un socialismo del siglo XXI, han aprovechado las riquezas de los precios del petróleo y ha descansando en un “modelo económico rentista”, el cual significa vivir del precio del petróleo. La diferencia con sus antecesores ha sido que han beneficiado al pueblo y no a una élite social.
La gran riqueza petrolera ha acondicionado a todos los partidos gobernantes, conservadores o progresistas, a acomodarse en esa riqueza y no a provocar la formación de una estructura económica variada que diera origen a fuerzas sociales que sostengan el desarrollo permanente.
La crisis en Venezuela obliga a un giro necesario hacia un modelo económico en el cual el sector privado desarrolle esos motores productivos y el Estado preserve las conquistas sociales logradas y dedique normas y facilidades para el desarrollo.
En Venezuela se inicia ahora un diálogo entre la oposición y el gobierno, para conducir a acuerdos entre contrarios. La fuerza política que gobierna y habla de socialismo del Siglo XXI, necesita de la fuerza opositora; y la opositora está obligada a entenderse con aquella para favorecer el crecimiento de las fuerzas productivas capitalistas.
En ese escenario se sitúa el diálogo sugerido por el Dr. Fernández. Hace unos meses parecía un esfuerzo quijotesco. Sin embargo, los cancilleres de Suramérica han apoyado a Unasur y la comunidad internacional ha demostrado su disposición a favorecerlo.
El Departamento de Estado norteamericano se ha sumado y eso ha llevado a la OEA a interesarse. El secretario general de la OEA, Luis Almagro, se ha opuesto al diálogo, porque no reparó que el presidente Obama visitó Vietnam, Japón y Cuba, y ahora con Venezuela completa para justificar que fue merecedor del premio Nobel de La Paz.
Por Franklin Almeyda ;-