lunes, 20 de junio de 2016

¿Apatridia dónde...?

Tiene razón el canciller Navarro al descalificar el informe de Amnistía Internacional que volvió a acusar al país de crear apatridia, y al minimizarlo por considerar que “no vale la pena seguir lloviendo sobre mojado” porque se trata de una situación clarificada en todos los foros internacionales que han conocido el tema.
La verdad absoluta es que aquí no hay apatridia... Sin importar cuántas veces lo repitan el embajador Brewster o el secretario de Estado John Kerry, o que lo digan la Unión Europea, el PNUD, el Caricom o la OEA y su famélico sistema interamericano de derechos humanos, el ACNUR, Amnistía Internacional o las ONG’s locales e internacionales que hacen campaña en contra del país.
Ninguno de ellos ha podido presentar un sólo caso concreto de apatridia a pesar de la insistencia casi necia con que el gobierno les ha solicitado que los prueben para proceder a resolverlos. Pero esa gente no se equivoca por desconocimiento: Se equivoca a propósito, a conciencia...
...Saben que la Constitución haitiana establece que los hijos de los haitianos, sin importar dónde nazcan, tienen derecho a la nacionalidad de sus padres, y ya por eso jamás podrían ser “apátridas” porque Haití es su patria. Además, nuestro régimen constitucional exceptúa del derecho a la nacionalidad por Ius Solis a los hijos de extranjeros que residen ilegalmente en territorio dominicano.
Ellos también tienen conciencia plena de que el problema de muchos haitianos que residen en el país no es de apatridia sino de falta de documento de identidad como consecuencia de la enorme irresponsabilidad de las autoridades haitianas.
Saben también que los dominicanos tenemos normas que respetan los derechos humanos de esos inmigrantes, y que la Ley de Migración establece que los hijos de esos extranjeros indocumentados deben ser inscritos en un Libro de Extranjería, y que tanto sus padres como el consulado de su país recibirán copias de esa partida de nacimiento para poder reclamar, como les corresponde, la nacionalidad de sus respectivos países.
Esas entidades internacionales tampoco ignoran que antes de hablarse de apatridia en la República Dominicana, deben identificar el problema en Haití, donde existe una fábrica de indocumentados.
También saben que la convención sobre el Estatuto de Apatridia no les otorga categoría de apátridas a migrantes sin documentos por el simple hecho de encontrarse --o incluso de nacer-- en un territorio. Apátridas son aquellos que no son considerados como nacionales por ningún EstadoÖ Y ese no es el caso de los haitianos.
Como tampoco lo es el caso de los menores no acompañados que cruzan la frontera entre México y los Estados Unidos. Esos niños no son apátridas porque carezcan de documentos. Y los Estados Unidos no violan sus derechos cuando los suben a autobuses y los colocan del otro lado la frontera.
Quienes nos responsabilizan del desastre haitiano --gobiernos, organismos multilaterales, agencias de cooperación, ONG’s y las propias clases dominante del país vecino--, son los verdaderos culpables de ese drama humano, por desidia, por apatía y porque han renegado de sus responsabilidades, y en algunos casos hasta se lucran de su pobreza.
Hay que escuchar al canciller Navarro cuando llama a dejar de ser reactivos ante informes y denuncias de gente que simplemente no quiere entender... Está bueno ya de perder tiempo y gastar energías respondiendo mentiras y acusaciones falaces de quienes no tienen moral para cuestionar el país.
Al mismo tiempo en que demostramos que la diplomacia dominicana ha dejado de ser reactiva, debemos admitir que perdimos tiempo en asumir un mayor activismo exigiendo a la comunidad internacional asumir sus compromisos con Haití.
La Asamblea de la OEA era un escenario ideal para denunciar los incumplimientos y los obscenos negocios que giran en torno a la pobreza haitiana, y gritar alto y claro que los dominicanos no podemos continuar cargando con los problemas de un Estado que tiene una economía en ruinas, y que es social y políticamente inviable.
Esa es, probablemente, la única falla atribuible a la exitosa participación dominicana en la reunión de cancilleres celebrada la pasada semana en el país, en la cual obtuvimos el desagravio de ese organismo multilateral por el “cobijo legal” que otorgó a la artera invasión estadounidense de 1965.
Una gran conquista y un legado imborrable para la gestión del Presidente Danilo Medina, cuyas palabras en el discurso inaugural de ese evento reflejaron el sentir mayoritario de una nación que necesitaba algún tipo de resarcimiento por la soberanía pisoteada hace poco más de medio siglo.
Por Óscar Medina ;-