jueves, 2 de junio de 2016

¡...Que espere la factura!

Luis Abinader intenta prorrogar una agonía que les llega irremisiblemente a todos los candidatos derrotados --que inicia con la ausencia de los aplausos que por años los envanecen hasta convertirlos en magos que llegan a creerse sus propios trucos--, con el agravante de que la miseria política suele pasar facturas difíciles de redimir.
Mientras más dolientes tienen, las derrotas electorales se reputan de huérfanas porque nadie quiere cargar con ellas, aunque la irresponsabilidad del liderazgo es mayor cuando se manifiesta incapaz de admitir las fallas que provocaron el triunfo del contendorÖ Justo lo que está ocurriendo ahora con Abinader y sus estrategas de campaña.
Es obvio que el candidato perdedor estuvo siempre en riña con su propia realidad a pesar de que las encuestas evidenciaron desde un principio lo desigual de su lucha. Llegó al extremo --según se ha documentado--, de poner distancia con la empresa que por muchos años levantó información estadística para él y su familia, el Centro Económico del Cibao.
Bastó que Leonardo Aguilera le mostrara la realidad de su posicionamiento para ser despedido “ipsofactamente”--como decía aquel Procurador--, para ser reemplazado por un aventurero colombiano radicado en Miami captado por Quique Antún y que previamente había trabajado para un grupo con afinidad al Presidente Medina.
Abinader natagueó de un engaño en otro casi por un año hasta el mismo día de las elecciones cuando a primanoche comenzó a recibir información sobre su apabullante derrota sin querer dar crédito a las encuestas a boca de urnas ni al “conteo rápido” de la Participación Ciudadana.
...La mayor insensatez
La mayor muestra de insensatez política la dio el candidato perdedor al insubordinarse a la realidad de las urnas agenciándose pretextos para invalidar las elecciones a plenitud de conciencia de que existía una diferencia de 28 puntos porcentuales entre él y Danilo.
Para que no faltara más, esa insubordinación llegó al colmo de la imprudencia al acudir con grupos vociferantes a varias juntas municipales a reclamar reconteos de votos, y hasta a mandar a su anciana madre y a su esposa a participar en una actividad multitudinaria de protesta frente a la sede de la Junta Central Electoral.
Por supuesto que la rebeldía de Abinader ha incentivado la queja de muchos otros candidatos en los restantes niveles de elección que se sienten engañados... Otros lo hacen pretendiendo justificar la derrota o porque se sienten avergonzados ante sus seguidores o simplemente tratando de pescar en río revuelto.
Se dan algunos casos de candidatos que apenas obtuvieron el 10 por ciento de los votos y denuncian fraude, y otros que habiendo perdido por más de 20 puntos --como es el caso de la alcaldía de Santo Domingo Este--, se van a la huelga de hambre llevándose entre las patas prestigios y respetos ganados en otras lides.
¿Recomponer lo perdido?
Por supuesto que Abinader no lo sabe aún, pero lo que ha perdido después de las elecciones sobrepasa por mucho lo que pudo obtener en función de proyección política a lo largo de varios años.
Ni siquiera tomó en cuenta que es un imberbe político y que el porvenir se le proyectaba con buenos augurios. Con sólo 48 años, se creyó el lema de que “el cambio es ahora”...
... No llega darse cuenta, el pobre, que hay dos felinos al acecho: un tigre y un león, Hipólito y Leonel.
Por César Medina ;-
lobarnechea1@hotmail.com