miércoles, 13 de abril de 2016

Encuestas que marcan la ruta

ERA PREVISIBLE.- El PRM, Luis Abinader y su equipo de campaña debieron suponer que durante el mes de abril se publicarían encuestas, y que con las elecciones tan cerca, si los resultados eran favorables al gobierno, los efectos serían catastróficos. Lo lógico era adelantarse a esos acontecimientos, de manera que la opinión pública pudiera tomar y dejar. Hicieron algo, sin dudas, pero al parecer no fue suficiente. Dijeron que las mediciones de trabajo colocaban al candidato de oposición casi pegado del oficialista, pero con tan poco convencimiento que pareció un choteo.
¿Cómo hacer comparación creíble con Greenberg, Mark Penn y Benenson Group marcando la ruta? Pero tampoco la reacción ayuda. Decir que la Greenberg no les merece ninguna consideración, no resuelve el problema. Pues ¿y la Penn, y la Benenson? La descalificación es un arma de doble filo. Puede alegarse, como se alega, que en el Palacio Nacional hay una factoría de encuestas. Puede afirmarse, como se afirma, que existe una mesa de sondeos. Bien, bien. Ahora, los medios acogen, y por esa vía logran carta de ciudadanía. Suyo todo el territorio de la República, el escenario político y el panorama electoral...
ABRIL, EL MES.- El poeta T. S. Eliot escribió en ‘La Tierra Baldía’ que “Abril es el mes más cruel”, y Joaquín Sabina, cantante, se preguntaba en una de sus celebradas composiciones “¿Quién me ha robado el mes de abril?”. Luis Abinader, candidato, tendrá que decidirse entre crueldad y robo, pero deberá admitir que abril no es el mejor de sus meses, como si los cielos se empeñaran en fastidiar su faena. ¿Quedan más encuestas en el tintero? De seguro que sí. Hubo de aparición fugaz y que nadie espera que asomen de nuevo. Pero faltan otras que por su frecuencia, o por sus aciertos, se hacen imprescindibles. ¿Puede una encuesta, constituida en prodigio, cambiar una percepción tan acentuada, o asentada, como la que se tiene del resultado de las elecciones del mes de mayo? Lo mejor sería no correr ese riesgo, pues con las mediciones pueden satisfacerse todos los caprichos, pero solo al principio. Cuando llega el final, conviene acertar, o por lo menos aproximarse, pues únicamente con récord o buen average pueden las firmas posicionarse de cara al futuro...
PRUDENCIA.- Observé desde hace semanas que la campaña de Danilo Medina se preocupaba de que su patrocinado fuera prudente, que evitara confrontaciones, se anticipara a las emboscadas. Que una invitación por aquí, que otra por allí, y el candidato oficial se hacía el imposible. Prefería la calle a los escenarios cerrados, pues marchas y caravanas eran situaciones en movimiento, pero los debates eran más oportunidades de perder que de ganar. El tiempo, el discurrir y los porcentajes dan --hasta ahora-- más que razón a los estrategas oficialistas. Si Danilo Medina se hubiera pasado de contento, y acepta todas las invitaciones, y asiste a todas esas fiestas, de seguro que no hubiera salido bien librado. Pues una cosa era pista empolvada, con la que el baile adquiría fluidez y elegancia, y otra pista enjabonada, en la que la caída era irremediable. El cálculo fue perfecto, y habrá que ver si esa suerte se mantiene hasta el final, pues las campañas se parecen mucho a la lotería, y los números tanto salen como se pelan...
NO FUERON CALVAS.- La campaña de oposición tuvo sus oportunidades, que no buscaba, que eran de circunstancia, pero que no supo administrar. No era imposible que en la OISOE se produjera un escándalo, pero sí impensable que fuera a partir del suicidio de uno de sus contratistas, o que fuera en uno de los baños de sus instalaciones. Cadena humana por aquí, cadena humana por allí, y sus promotores se cansaron antes de tiempo, sin aportar un beneficio real a la causa opositora. Igualmente era impensable que uno de los estrategas del oficialismo, y por demás extranjero, se viera en serias dificultades, como ocurrió con Joao Santana y su esposa Mónica. Y sin embargo la vergüenza no llegó a oprobio ni fue suficiente para salpicar al candidato Presidente, como se pretendió durante semanas. El resultado no solo fue fallido, sino que ahora la encuesta Greenberg revela algo pasmoso. La mitad de la población ni se enteró del suceso. ¿Cómo, pues, sacar provecho político a lo que la gente casi en su totalidad ignoró? Difícil, realmente, difícil...
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do / @orlandogildice