miércoles, 20 de abril de 2016

El resultado del “debate”

LO ADMIRABLE.- El debate que no fue debate tuvo un resultado admirable, según el comentario de sus entusiastas televidentes. La República Dominicana se reveló como un país políticamente especial, solvente, fuera de liga. Como pocos, tiene 7 aspirantes a la presidencia en condiciones, capacidad y competencia de llenar el cometido. Cada candidato de estos expuso a su manera, y por lo que se dice, con relevancia y calidad. Las dificultades, si las hubo, fueron de otro orden. Por ejemplo, de comunicación. O de gestos, o de palabras, incluso de vestimenta. Eran tesoros escondidos hasta que la convocatoria de la Asociación de Jóvenes Empresarios hizo el milagro. Aunque intriga la otra cara de la moneda.
Que las encuestas no registren sus simpatías, o no figuren en sus mediciones, o con porcentajes suficientes para competir con éxito. La pregunta al parecer no tiene respuesta. Pues todavía se oyen lamentos por los fracasos de unidad, por la falta de un frente opositor. Pero se olvida lo más importante. Que sumados, uno a uno y todos juntos, no logran números para alcanzar o superar al candidato oficial. Danilo Medina tiene y tuvo desde el principio la bendición de los sondeos…
EL MALO.- El presidente Danilo Medina, con su ausencia, fue el malo de la película, pues el debate no pudo ser debate. No hubo confrontación, choque de ideas o de propuestas. Sin embargo, a pesar de las críticas, nadie puede decir que fue por esto o por lo otro que no acudió a la presentación. Insisto en el cuidado de la campaña del mandatario en no dejarse llevar a terreno que no controle, a evitar posibles emboscadas, potenciales asaltos de camino. No se conoce hasta ahora, y tanta discreción resulta sospechosa, de comunicaciones entre los inquilinos del Palacio Nacional y los directivos de la Asociación de Jóvenes Empresarios. Lo natural era que intercambiaran condiciones, o se produjeran reuniones previas, como ocurrió con la Asociación de Industrias de la República Dominicana. Aunque finalmente quedara en suspenso. O con el Consejo de la Empresa Privada, cita a la cual acudió de buen ánimo. ¿Qué hizo el Conep que no Anje para que el jefe de Estado complaciera al primero y no al segundo? Tarea pendiente…
LAS CATEGORÍAS.- Entre las muchas situaciones posibles podría estar lo de medir a todos los candidatos con el mismo rasero, de verlos como pares, sin hacer las distinciones de lugar. Existen categorías, y también rangos. ¿Cómo debatir de igual a igual con aspirantes que no figuran en las encuestas y cuyas expectativas por el momento suman cero? Nadie puede hablar de arrogancia, pues no se conoce expresión ni gesto del presidente Danilo Medina descalificando a sus oponentes electorales. Incluso, podrían recordarse los casos de José Francisco Peña Gómez y Leonel Fernández. El primero reivindicó ser de otra galaxia, o galaxia superior, y el segundo sorprendió diciendo que sus adversarios no sabían conceptualizar. ¿Qué decir ahora? Nada. Al hecho, pecho, dice el refrán. Si hombre precavido vale por dos, candidato prudente sería por tres. No pueden negarse los riesgos, y aunque ser candidato de por sí implica peligro, si hay maneras, lo justo sería evitarlo. Como hizo, y con tiempo suficiente. No se dejó seducir por guión ajeno ni corrió una suerte equívoca. Con ir al debate no ganaba, pero con no ir tampoco perdió…
MOHAMED ALÍ.- Al final se sacará la cuenta, y se sabrá si mejor la prudencia que la audacia. El no ir al debate provoca ruido, pero más ruido si hubiera ido. Lo suyo, y lo llevo dicho, es evitar los ruidos. Y un ejemplo al canto. El ministro de la Presidencia ordenó no entregar certificaciones a los alfabetizados hasta después del 15 de mayo, de manera que ocasiones parecidas a las del ayuntamiento del Distrito Nacional no se repitan. Cada día tiene su afán, y en el caso de la campaña reeleccionista, cada situación tiene su prohibición. La oposición se despliega e inventa sobre la marcha, y un hoyo aquí, una tachuela allá, y por lo que conviene ir con cuidado y mirar donde se camina o se pisa. El boxeador se mueve en el cuadrilátero, y lo hace de manera ligera, con pequeños saltos, y la táctica es muy sencilla: que el contrincante no se le acerque mucho o lo coloque contra las cuerdas, en lo que los árbitros tocan la campana y se acaba la pelea. Desde fuera se critica ese tren de combate, pero dentro se regocijan cada vez que pueden volver a la esquina con el menor daño posible…
Por Orlando Gil ;-
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