martes, 10 de noviembre de 2015

El Estado dominicano… y un bolero.

Por Pablo Mckinney ;-
“Y entonces…”. 
Así como cada amor tiene un bolero para sobrellevar “el absurdo previsible del olvido”, así en nuestro país cada problema tiene ya su estudio, su diagnóstico.Pocos sectores quedan por analizar, y es aquí donde aparece con la fuerza de un “te espero” el bolero de doña Silvia Rexach: “¿… Y entonces?”.Echemos un vistazo a nuestra realidad: Hace años se conoce de la duplicidad de funciones en varias instituciones del Estado; cómo se sabe -desde Hostos y su escuela-, que sin Educación solo espera la barbarie, y así ha ocurrido. Sin régimen de consecuencias, ni se cría bien un muchacho, ni llega un país a la civilización, ni alcanzan sus votantes la categoría de ciudadano responsable de sus actos.
Desde antes de Kioto se sabe que el cambio climático está alocando el tiempo, y la sequía del demonio y las lluvias “matapobres” van y vienen sin respeto al calendario; sin embargo, el Estado dominicano es incapaz de APLICAR un plan de educación y un régimen de consecuencias que obligue al ciudadano -aunque tenga dinero para comprar un río- a utilizar racionalmente el agua. Se sabe qué hacer con el tránsito, y existen leyes y fuerza pública para hacerlo; como se sabe que el macho ibérico aún se niega a respetar el bendito derecho a olvidar que tiene la mujer, pero en todo el país sólo existen tres casas de acogida para mujeres maltratadas (¿o son dos, Dra. Fiscal?).
El dengue no es un bolero
Ahora toca el turno a la salud pública, y el drama del dengue. La explicación de la actual ministra de la cosa es tan responsable como certera: “El manejo inadecuado de los médicos en el seguimiento y la atención al paciente continúa siendo la principal causa de letalidad por dengue en el país”. Para nadie es un secreto, -ni para las autoridades ni para los médicos- la pésima formación y la incapacidad profesional de una parte de los egresados de muchas de nuestras escuelas de medicina. El filtro para salvar al paciente de esa incapacidad de los médicos sería la aprobación de la ley que establece el “examen único de competencias para el ejercicio de la medicina”, pero mientras se aprueba el proyecto, lo que vemos son protestas de estudiantes de medicina “porque el examen es muy fuerte, muy duro”. ¡No te jode!
En salud “las botellas” no funcionan
La pésima formación de muchos nuestros profesionales egresados de “universidades” a las que por corrupción o por presentar estadísticas favorables ante el mundo el Estado le otorgó esa condición, lo solucionamos aquí con las “botellas”. Es lo que explica que en muchos ministerios y direcciones generales existan dos departamentos con igual función: uno hace el trabajo porque sabe, y el otro no tiene ni idea, pero tiene un título y se “fajó” en alguna campaña electoral. En tener el título pero no el conocimiento está la vaina. Cuando se trata de un abogado o un contable, esta vieja práctica sólo cuesta dinero, pero cuando hablamos de médicos, son palabras mayores, porque hablamos de vidas humanas.
“Pero el cadáver, ay siguió muriendo”.
Si existe una demostrada incapacidad de parte de los médicos del sistema público de salud para ofrecer servicios a la población, si existe un reglamento para supervisarlos y un régimen de consecuencias para penalizar esa incapacidad, entonces, qué esperamos. Hay examen único, régimen legal de consecuencias, existe la posibilidad de contratar médicos de otras nacionalidades en lo que salimos del atolladero, y por haber hay hasta una Ley General de Salud que otorga los poderes para hacer todo lo anterior… “Y entonces”. Como bien lo ha explicado la ministra, en torno al dengue todo está ya diagnosticado, se sabe qué y cómo se debe hacer, “pero el cadáver ay, siguió muriendo”, siguen muriendo dominicanos, y cuando hablamos de muerte no queda entonces ánimo ni espacio para citar aquí ningún bolero, solo para actuar de una sola y jodida vez ¡Y si quiere, que entre el mar!