miércoles, 14 de octubre de 2015

El otro vocero policial


Por Alfredo Freites ;-
El video del raso de la Policía Daurin Muñoz lo lanza a la fama. Se convierte en el vocero policial, en la voz del agente oprimido, del uniformado que muere de hambre en las calles y se derrenga  por el peso de un arma de fuego. Asombra su elocuencia. Su dicción y capacidad de análisis está por encima de su rango. El video no es una obra improvisada pero tiene la autenticidad de ser voz y expresión del tiempo presente. El agente habla a sabiendas de que desata los infiernos y debe estar preparado por lo que se le vendrá encima. Son muchos años de trujillismo uniformado para que de esta atribuida infidencia salga indemne.

La Policía Nacional es el departamento oficial de más riesgos para sus miembros y también de mayores tentaciones. Están todos los días expuestos al peligro de la muerte,  la  extorsión o la crítica del público que le ha ido perdiendo la fe y confianza merced a los malos manejos que han cometido los  delincuentes infiltrados en sus filas.
Cierto es que nada tiene de bueno estar en el uniforme. Cuando los agentes se  acercan lo menos que pensamos es cuál será el pretexto para el picoteo. También hay el riesgo que te asalten. Te parte el corazón cuando te piden dinero para comida. Son unos pordioseros armados.
La situación que declama el policía Muñoz no es original. Todos la conocemos. Únicamente falta que la población se lance a las calles a reclamar aumento de sueldos para sus guardianes.
Es posible que el policía haya sido indiscreto en decir lo que no le permiten decir, como aludir una huelga policial, hablar del trato que proporcionan los oficiales superiores o de que exponen sus vidas por 16 pesos la hora. La libertad de expresión podría no ser suficientemente grande para proteger sus cuitas. Quizá alguna voz apañe la desventura que rodea al policía Muñoz, o que el Tribunal Constitucional blanda su libro de reglas y lo guarezca. El tema es de cristal.
En los años 60 del siglo pasado hubo una huelga de policías por otros motivos, pero  en realidad,  a pesar de los tantos  años, se mantiene el impacto social y los bajos sueldos. El gobierno  sabe  lo que involucra el aumento de salarios para  todos los policías, es dinero vinculado a la paz social y esta no tiene precio.