martes, 29 de septiembre de 2015

Sí, sí, ellos quieren pelear


Por Orlando Gil ;-
@orlandogildice
LAS GANAS.- Los seguidores de Leonel Fernández quieren pelear, y quieren pelear después que se suponían recogidas las casas de campaña y que cada ejército había vuelto a sus faenas habituales. Temen que los acuerdos no se cumplan, sin darse cuenta de que no pueden cumplirse hasta por razones ajenas a las partes. ¿Acaso no acordaron mantener fuera de las altas cortes sus dificultades y amarres? Ese aparte, para poner un ejemplo, se cayó solo o empujado por un peledeísta de las bases que elevó una instancia al Tribunal Superior Electoral. El organismo le dio ganancia de causa, aparentemente, y de esa manera quedó sin efecto uno de sus entendimientos. El documento que firmaron los integrantes del Comité Político, y que sirvió para superar un impasse, no era absoluto, y menos la palabra de Dios. Eran quince puntos, y al eliminarse uno, ahora catorce. Algo parecido suponen los chuscos ocurrió con Moisés y los 10 mandamientos. Que bajando del Monte Sinaí, resbaló, y se le rompieron o extraviaron algunas de las Tablas de la Ley…
EL PRÍNCIPE.- A Leonel Fernández, propios y extraños, lo llamaban El Príncipe, y no porque llevara como presidente una vida fastuosa, sino en reconocimiento a sus habilidades de poder. El personaje de Nicolás Maquiavelo reencarnado y en acción. Pues bien, a Danilo Medina, ni propios ni extraños, lo consideran para tanto, pero como Fernández y él pudieron haber leído los mismos libros, o pertenecen a la misma escuela (aunque sea en la negación) de Juan Bosch, los textos del florentino les vienen a la medida. Escribió Maquiavelo, con su lógica implacable: “No debe, pues, un príncipe ser fiel a su promesa cuando esta fidelidad le perjudica y han desaparecido las causas que le hicieron prometerla”. Los leonelistas quieren sacar más ventajas de las acordadas, y para lograr el objetivo andan con el credo en la boca, como si fueran perredeístas y no peledeístas. Los danilistas tendrán que preguntarse, a su vez, si no desaparecieron las razones que dieron lugar a las promesas…


LOS TAMBORES.- Los últimos movimientos, y por igual declaraciones de dirigentes de la categoría de Franklyn Almeyda, tienen la clara intención de alterar el nuevo orden. De borrar la impresión de que todo anda bien en el PLD y de hacer ver que antes que consenso, el ánimo es de confrontación. Estos pronunciamientos hacen las veces de los tambores en las películas de Tarzán. No eran la guerra, pero sí un alerta, y ponía a los hombres y a las bestias de la selva como locos. La situación interna, se entendía, era de “pax romana”, pero paz al fin. La reunión del presidente Medina con los senadores y diputados de su partido, incluyendo a los leales a Fernández, fue de paños y manteles. Reelección colectiva, y en esas condiciones, ninguno de los bandos puede objetar nada al otro. El candidato fue muy reiterativo en la necesidad de eliminar ruidos y preservar la unidad, como vocación y trabajo de campaña. Que afuera se dijera, pero que adentro no se sintiera…

STRIP-TEASE.- El alegato de Franklyn Almeyda respecto al incumplimiento de los acuerdos, es sin duda de los ruidos que el presidente Danilo Medina consideraba debían eliminarse. Almeyda, incluso, hace lo que no era propio en el PLD: un strip-tease. La costumbre era ponerse tanta ropa que nadie se viera en pelota. Admitir en los medios que el partido está fraccionado, que sus heridas siguen abiertas, y que cada cual de sus dirigentes atiende una agenda particular, era algo impensable. Los peledeístas de otros tiempos hacían como ciertos animales, echaban tierra sobre sus excrementos, y aun sorprendidos con la mano en la masa, negaban el pecado. ¿Por qué ese cambio de temperamento? ¿A qué viene este rasgarse las vestiduras y que se vean partes que antes se disimulaban? ¿A cuál bando se le quiere meter miedo con el fantasma de la división? Obviamente que al reeleccionista, que necesita la unidad, pero que al parecer no está dispuesto a pagarla cara