jueves, 30 de julio de 2015

Patético caso de robo (Increíble)

Francisco, obrero multiuso, subió con su pequeño hijo a un microbús de transporte urbano en una calle de Bonao. El vehículo no llevaba más pasajeros. Cuando vio que el chofer tomó una ruta diferente a la que se suponía tomara, le advirtió sobre el desvío pero, como el conductor hizo caso omiso, Francisco de inmediato sospechó que algo andaba mal.
Entonces exigió, gritando con más fuerza, que detuviera el vehículo y les dejara allí mismo, a lo que el chofer respondió doblando hacia una calle de escaso tránsito y, extrayendo una pistola, le encañonó exigiéndole vaciar sus bolsillos donde llevaba los mil ochocientos pesos que Francisco había ganado en el día, haciendo un trabajo de instalación eléctrica. El niño no paraba de gritar y, quizás gracias a ello, el atracador los dejó escapar.
Cuando Francisco llegó al cuartel policial a poner la denuncia-querella, le hicieron una pregunta que lo dejó estupefacto: “¿Sabes el nombre del chofer?”. A lo que Francisco contestó: “No, pero sí tengo los detalles del vehículo y número de la placa”. Más atónito quedó Francisco con la siguiente respuesta: “Ah, bueno, entonces usted tiene que ir a Rentas Internas para que ellos le certifiquen de quién es ese vehículo. Luego nos trae la información y procederemos vía fiscalía”.
Francisco estuvo a punto de estallar gritándoles que esa era una función de investigación policíaca o judicial, no del ciudadano agraviado, pero prefirió callar y dirigirse a la oficina de Impuestos Internos, donde le informaron esta sabrosura: “No, no es a usted a quien podemos dar esa información, sino a la Policía si la solicita”.
Tras este humillante vaivén, convencido de que denunciar el delito no sirve de nada, Francisco decidió retornar al hogar para dedicarse a la difícil tarea de restaurar la normalidad en la traumatizada mente de su pequeño vástago. En el trayecto, se decía una y otra vez que la vida del dominicano no vale una guayaba podrida, y se preguntaba de qué sirve pagar tanta burocracia gubernamental.
Por Freddy Ortiz ;-